acogida. Se ha ido, seguramente atolondrado ante tanto vapuleo en un refugio con muchos habitantes y noches muy largas. No sentirse dueño ni siquiera del rincón más miserable de una jaula, no contiene más esperanza que la de verse hundido en ella. Situaciones más que conocidas por Sharpe, como otros muchos, es un perro tremendamente bueno y afable y quizás ha tenido la desgracia de ser diferente y quién sabe si esa diferencia le ha salvado y le ha evitado convertirse en uno más. Nunca lo sabremos. La cuestión es que ya no reñirá por un trozo de trapo ni se cobijará cada noche bajo un puente de sueños. Esperemos que no tenga que volver. Intentaremos buscarle un hogar tranquilo para personas tranquilas que no tengan más pretensión que escuchar de vez en cuando sus ronquidos y darle el mejor de los hogares con el mejor de los cariños. Y no esos cariños im
posibles sino esos que se cuecen día a día, que se amasan con buenos propósitos y dulces intenciones. Esos que aborrecen la maldad y la ignorancia y no una ignorancia por escasez de conocimientos sino una ignorancia por ausencia de sentimientos.
Y si no lo encontramos, por lo menos que no vuelva al Refugio.
Los duendes del tiempo siguen haciendo su trabajo y otros, los voluntarios a pie de refugio siguen haciendo el suyo. El día a día es difícil, cansado, muy cansado y poco reconocido. Es un día a día que a veces agota por esa disponibilidad casi permanente y obligada. Una dedicación nada agradecida y que en muchas ocasiones es ingrata, desagradable y de una aspereza que hace hasta llorar. Pero es difícil cambiar esa pauta. La voluntariedad no implica que a veces, para quienes llevan esa carga, el sentimiento a flor de piel haga tambalear los esfuerzos y las convicciones pero sólo
eso, luego,
tras el traspié de la duda, todo vuelve a renacer por sí mismo.
Siguen entrando cachorros y algunos, aburridos, miran impacientes la hora del recreo.
Nos vienen noticias de que las enfermizas disfunciones de algunos continúan su maravillosa cruzada en busca del equilibrio universal a través de una visión personalizada y fundamentalista, hostigando al propio sentido común y buscando sin querer esa dirección de granbofetón.com, ese estallido, en forma de parálisis facial, que aparece cuando todo estalla en las propias manos de quien lo maquina. Volvemos al co
mentario a pie de prisa y a otra cosa. Es lo merecido y es una parte de las cosas que ocurren en estos “Cinco minutos”.
Pero no estamos para perder el tiempo, la vida asociativa es muchísimo más rica que unos cuantos injertos semánticos y parodias mentales. Hoy realmente, cansa tanta estupidez. Hoy, hay muchos más problemas vivos que sentimientos muertos y hay que estar por la labor del dinamismo, de la energía, y de la rapidez, alejándose si es posible del pantano, de las aguas muertas, de las actitudes pánfilas y de esas bufonadas marcadas por un aburrimiento vital tan extremo que asusta.
Sabemos el cometido y los fines de esta asociación, lo demás, pura comicidad.
Ellos, los refugiados siguen entrando, víctimas de la extraña compasión, del áspero portazo o de ese recóndito saliente de una mala voluntad. Pero también continúan saliendo con unas adopciones que siempre desearemos sean las mejores.
Dino se fue y Freeman siguen esperando. Los cachorritos, continúan protegidos por
su mamá, aquella que malviviendo en un descampado en Carlet, les procu
raba en un puro instinto maternal, la más extrema de las supervivencias.
Es muy posible que todos ellos salgan en adopción y quizás lo más importante es que también saliera ella. Ser carne de refugio para siempre…
Clunic está mucho mejor con el buen tiempo y hay miradas que denotan enfermedad y tristeza. En un refugio, hace mucho frio, mucha humedad o mucho calor, las temperaturas llegan a ser extremas y eso, les resiente. A unos más que a otros.
Pero hemos de seguir, aq
uí, todo es un todo, sin protagonismos, nadie es imprescindible y todos somos tremendamente necesarios. Buscamos más apoyos pero no de los enfermizos ni de esos que ante tanta indulgencia con el propio ego no ven más allá de la pesadilla que supone no olvidarse de la costumbre de ser quien se es. Aquí no buscamos nombres y apellidos ni autores, aquí sencillamente colaboramos.
Qué sabios son los animales en este sentido, qué sabios… qué hermosos, qué huellas tan poco turbias dejan tras de sí y qué poco aprendemos de ellos. Puede que nos equivoquemos, puede que este no sea el camino, puede que intentemos tantas cosas que perezcamos en ellas pero algo tremendamente serio planea tras nosotros, todos ellos son realidades, no so
n experiencias virtuales sino seres vivos reales, ciertos, seguros. Y no debemos ni podemos trasladar nuestra miseria a esos espíritus tan libres y sinceros. No debemos.
Buscamos naturalezas
tranquilas para seres únicos que es más que probable fascinen a sus futuros dueños y no ya por lo “guapos” que son sino por la relación tan extraordinaria que surgirá entre ellos. Esa íntima cotidianeidad que engullirá sin más al aburrimiento y a la tristeza, que curará depresiones y fortalecerá la autonomía. Que ayudará a los autistas y calmará la sed vital de los melancólicos. Que obligará a pasear a los perezosos y saltar de alegría a los solitarios…aprenderán tanto que jamás se cansarán de ellos. Y sin pedir nada a cambio...
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