6 de marzo de 2010

Una velita al santo...

Estos días , no nos ha quedado más remedio que poner algunas velitas al santo, no tenemos muy claro si esas de navidad o las multiusos con un poquito de perejil. Al santo de los Imposibles o al santo del Nohayremedio. Esta semana ha sido realmente elocuente en el arte de la pequeña sorpresa. Han entrado muchos cachorros, unos metidos en cajas de cartón, otros en cualquier sitio, otros de cualquier manera y de cualquier forma… unos localizados en algún lado y otros escondidos en ninguna parte.

Es el cuento de siempre para una historia de siempre en un contexto siempre por siempre. Una historia que se repite una y otra vez y para la que no existe más remedio que el arte del aguante porque pocas soluciones hay ante la pasividad y permisividad de la administración, ante la escasa concienciación ciudadana respecto a la esterilización y ante el buen y ágil funcionamiento de aquél que tramita y resuelve rápidamente su problema endosándoselo a un tercero en un acto de extraña compasión y refinado egoísmo.

Esos cachorritos, churumbeles irracionales, generarán nuevos ciclos y nuevas formas de rápida sonrisa para convertirse - de forma inmediata - en acogidas forzadas porque sin mamá que los proteja, no durarían demasiado en un refugio solamente por su intrínseca fragilidad.Y si hay que buscar mamá, siempre estará Teta para subírselos a su casa. Siempre se cuenta con ella.

Luego, tal vez, cuando la preciosa carita se transforme por ley biológica en cachorro domesticable de 12 meses y ya comience la dificultad para verle la posibilidad de adopción, su futuro pueda ser un perro incrustado en una jaula o un perrito anciano que nació en la calle, vivió en un refugio y murió en él. Como una generosa cadena vital de donaciones sin esperanza recorriendo, un corto y prestado camino.

El Refugio ha recogido a una perrita enferma, Magda y a una mamá que estaba con sus cachorros en un descampado, una mamá agotada, exhausta, una mamá valiente pero tremendamente cansada .

No es la primera vez ni será la última. Estas palabras son para ellos, para Brigita, Cándida, Pupin y Sarcasí, para Rebollín o Capitán. Para Onita y Salpullín. Y siempre, siempre, pensando que ojalá no se conviertan un buen día, sin casi darnos cuenta, en un Cher, Anita o un paciente Elvis o Freeman. Claro que ¿y lo preciosos que son estos churumbeles irracionales? ¿Y qué bonitos todos estos regalos visuales ?

Eso sí, hasta que dejen de serlo porque cualquier día la fascinación , desgraciadamente caducará dando paso a la terrible indiferencia del tiempo y consiguiendo irracionales invisibles protegidos por custodios, también invisibles.

Bueno, pues... visto lo visto, pondremos una velita al santo aunque no sabemos exactamente si esas de Navidad o de las otras con un poquito de perejil... tampoco sabemos exactamente a qué santo pero sea como sea, acudiremos a la llamada de la necesidad mientras ellos, ajenos a absolutamente todas nuestras miserias y hasta a nuestros buenos propósitos, confien en nosotros, quizás porque no les quede más remedio.

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