3 de abril de 2010

La familia feliz

Este es el comienzo de una continuación. Otra fase de otro estado en la vida de estos cinco seres que han estado y estarán a merced del ser humano, por desgracia o por suerte. Es la historia de Galgo Uno, Galga Dos y Galguitos A, Be y Ce. Luego puede que sean Oliver, Sandra, Twist, Héctor o Amina, algo así como para distinguirlos del resto de los habitantes de este microcosmos, sucio y algo caduco que por poner, pone precio a todo e importancia a nada. Un mundo acotado, que agota, cansa y a veces, saca entre bruxismo y caquexia la peor de las miserias en la mejor de las conciencias. Es su historia pero puede ser la historia de cualquier otra historia.

Esta familia feliz, viene del más absoluto desprecio y no habiendo acabado con sus huesos fritos al sol o en cualquier “colgadero” de esos bosques testigos mudos de cruentos y agónicos finales, son traídos a un refugio llenos de miseria, con sarna, dedos seccionados, con dermatitis galopantes; con cansancio y hambre de descanso, con el espíritu animal fragmentado y con unos cachorritos miedosos y dependientes que no saben dónde ponerse para no molestar.

Y sí, están y ahora aunque no tarden mucho en irse a lugares de acogida, viene el tratamiento de choque contra la sarna, la alimentación, vacunas, los cuidados, la protección, la seguridad, porque además, paradójicamente, miradas insensatas les buscarán y hay que sacarlos del espectáculo de esta Gran Mierda que es negada una y otra vez .

Y como al mundo poco o nada le importa, seguimos sumando cinco bocas, cinco caries, diez retinas y cinco grandes problemas que habremos de asumir porque mientras podamos, los asumiremos.

Y lo acompañaremos con los problemas neurológicos del podenco que no sabe dónde está, con Darek cada vez más enfermo, con la perrita de diez años que ahora, a estas alturas, acaba sus huesos con un futuro más que negro porque quién va a querer adoptarla con esa edad y entre ladridos y frio en invierno, pasará los días con todos y como todos los demás. Con la duda de si la violeta de genciana hará efecto y abaratará costes o si es posible que algún día, quien abandona o maltrata pueda por efecto de la empatía, sentir lo mismo para comprobar lo que duele, lo mucho que duele. Y mientras, otros mundos en este mundo, los solidarios de siempre y los recién estrenados, procuran colaborar. Y si conseguimos unos cuantos socios y padrinos más pues mejor y así pues puede que acabemos la obra, que pongamos el toldo, que hagamos esto o hagamos aquello, que pensemos en el futuro o que ya nos dé igual el futuro y sólo les procuremos un presente. Uno a uno en lo que se pueda y en lo que se pueda, cada uno.

Nosotros, no somos testigos mudos, somos partícipes, voluntarios, conscientes o no de un problema que no es nuestro pero que asumimos hasta el límite de nuestras posibilidades y no, no señores, no estamos locos, ni consentimos pesadillas en nuestras mentes ni aborrecemos a los protagonistas de las malas historias. No acrecentamos odios ni deseamos males ajenos, no eliminamos vestigios ni construimos grandes castillos. Nuestro cansancio por esta realidad repetitiva no es más que el que tienen ellos cuando son abandonados, degollados o colgados. Ya amontonados dirección a la incineradora o pendientes de morir en un corredor que huele a muerte .

Puede que esta realidad sea indiferente para muchos, que a algunos les guste, que a otro les resulte productiva porque inscrita en el Registro Mercantil, es un negocio y como tal se trata, para la Administración sea un pequeñísimo problema circunscrito a una partida presupuestaria.

Pero a nosotros, para nosotros, ciudadanos de calle y de pie, para mucha gente como nosotros, ni nos gusta, ni es un negocio ni por supuesto nos resulta indiferente. Ya es cuestión de elegir.

El abandono y el maltrato existen desde hace mucho tiempo. Hay carreteras y zonas en este país que da miedo pasar por ellas, donde resulta demoledor para la sensibilidad circular esquivando huesos vivientes y sellos en el asfalto.

Y se acabó, este es el final del comienzo de la historia incompleta de unos seres vivos, que descubrieron una pequeña luz al final de un túnel sin salida. Un túnel de miles de kilómetros y del que es imposible saber cuántos se quedaron y se quedarán atrapados en él. Ahora, nos gustaría encontrar padrinos que sufragaran sus gastos, sus medicamentos, sus vacunas, sus tratamientos, su comida, hasta su descanso, todo, hasta un padrino que consiguiera que la propia especie humana pudiera dejarlos en paz. Mientras tanto, seguimos con lo nuestro. Buscamos padrinos, excelentes adoptantes para los refugiados de cuatro patas , incluso para los que estaban dentro de una bolsa de basura como estos mininos y bueno... tengas un buen día.

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