29 de abril de 2010

Shin, el espíritu


Nos acercamos al final del mes de abril y como siempre o como casi siempre, un sabor agridulce queda cuando las cosas no salieron como se pensaban, el mundo no cambió demasiado su rumbo, los caminantes continuaron cabalgando sobre el viento y la magia de las cosas se resistía a dejarse ver para algunos los que, permanentemente muestran esa siniestra manía de estar siempre aparentando lo que no se es o en ese continuo estado de competitividad forzada buscando no se sabe qué trofeo escondido bajo no se sabe qué actuación.

Qué maravillosos son los animales en este sentido, jamás se inmutan ni por un trofeo, ni por una complacencia ni por una enhorabuena, su impaciencia afectiva es nuestra ansiedad patológica y sus miedos razonables son nuestras malditas pesadillas. Nos ayudan en lo físico, lo psicológico, lo social y hasta en lo espiritual y qué tremendamente dañina es la especie humana para con ellos. No piden y sobre todo, no exigen.

En el infortunio, más de uno dio la espalda a la realidad, como ignorándola: continuamos sin prestar más atención a las emociones y tampoco es que las dejáramos hacer y la vida fue muy corta para muchas especies e incluso para la humana que por un lado la defendía y por el otro, un país más abajo, la aniquilaba o en su propia historia se aniquilaba así misma. Es el cinismo, ese que lleva inherente la Historia de la humanidad.

Continúan entrando animales, cachorros, pequeños, grandes, más pequeños, diminutos, mamás agotadas arrastrando lo que queda de su prole… en bolsas de basura, en las acequias, perdidos por ahí o encontrados por allá. Poco, muy poco, ni siquiera metáforas o poemas malditos, palabras malsonantes o improperios que no conlleven más que una dispensa mental se nos ocurren, tal vez, porque la impunidad está tan establecida como asumida y cuesta, cuesta mucho doblegar a esa impunidad.

Poly, aquél perrito para el que pedíamos ayuda hace meses y en esta misma sección, se nos fue a una casa de acogida donde es más que probable que acabe su vida. Laura, la incondicional Laura de esta Asociación, adoptó a Breki y la familia al completo encontró la piececita que les faltaba.

Nos topamos casi sin darnos cuenta con los problemas de casi siempre y el casi nunca se hizo más que poco probable en el tema de los abandonos.

Y nos dimos cuenta, fijándonos un poco que allí, detenida en un cansancio hasta existencial, había una pata, una pata inacabada dentro de un espíritu animal fragmentado.

Una pata que cojea y una pata que algún día estuvo persiguiendo conejos o quién sabe qué, una pata que pertenece a un animal que hoy ya no sirve para cazar, ni para criar, que los cinco años ya no los cumplirá y que ya sólo quiere descansar, que ha sobrevivido a la dureza de una existencia terrible y que no quiere que le llamen más por su nombre, que no quiere ni nombre, no quiere nada. Sólo un pequeño rincón, un alfombra, una mantita y cariño, mucho cariño. La llamaremos Shin, el espíritu, el corazón. Y a Shin, le buscaremos un hogar y la trataremos como los reflejos que aparecen en los ojos del delfín y continuaremos buscando como siempre, una salida a estos tantos por qué.


Posiblemente no daremos con la respuesta, pero encontraremos la salida, No comprenderemos por qué tanta impunidad, tanto dolor y tanta crueldad hacia ellos , hacia todas las especies pero encontraremos la salida, por lo menos, su salida en forma de futuro, porque encontrarle una razón a tanta impune subordinación, ya será más complicado.Y no, no se pierde la cordura, dicen que, sólo hay que aumentar conocimientos , emociones y saludables intenciones para que no disminuyan.

0 Deja tu comentario.:

Publicar un comentario