Es difícil hablar de estadísticas con respecto a las mascotas que se abandonan anualmente en este país. Hay cifras quizás aproximadas porque no todas las mascotas están registradas y tampoco interesa de algún modo registrarlas, por lo que sea, lo cierto es que las cifras dan miedo porque superan los cientos de miles.
Y más que miedo, producen un escalofrío por cuanto sus muertes en la mayoría de los casos son seguras, ya que una gran mayoría mueren atropellados o sacrificados en perreras municipales. Y en esas perreras, entra de todo, animales pequeños, cachorros, ancianos, adultos, gatos, perros, todo lo considerado como mascota y doméstico, los definidos como canis familiaris y felis catus.
Y seguimos sin poder abrir los ojos que se entornan por indignación y por vergüenza ante la propia especie. Por irresponsable y por no atender a la razón de que los animales “inferiores”, “irracionales” como se les quiera llamar, tienen su propia condición, su propia esencia, su propio existir. Todos ellos. Ya depende de cada uno el nivel al que quiera extender ese respeto.
En las mascotas y animales domésticos, no son humanos y sin embargo, estúpidamente se les humaniza. No son racionales y sin embargo se le aplica la lógica humana. Tiene su propio comportamiento, sus propios orígenes y sin embargo se les socializa hasta aborrecerlos. No hablan y sin embargo se les obliga a responder, no tienen pesadillas y sin embargo se les abandona para que las tengan.
Desgraciadamente es un goteo continuo de abandono y maltrato de perros y gatos y para el que no parece haber fin. Legislación hay, claro que hay y en alardes de generosidad legislativa el Código Penal contempla hacerles daño y maltratarles y las leyes autonómicas también contemplan la tenencia responsable, fomento, etc., todo se contempla y todo parece estar contemplado.
Es una situación cansina, repetitiva, cargante, pesada. Siempre lo mismo. Y miramos detenidamente el día a día y contemplamos la misma escena pero con distintos decorados. Las mismas caritas con distintos colores y la misma chulería para la misma indiferencia. Los mismos veranos para los masivos abandonos y las mismas épocas para el fin de la veda. La misma frase para la misma historia.
Y no nos cansamos, sencillamente seguimos, todos aquellos sensibilizados con este problema, cada uno como puede.
Una y otra vez. Y les preguntamos y ellos no saben qué decir porque bastante tienen con mirarnos y preguntarnos por qué y nosotros bastante tenemos con decirles , mientras nuestra lógica se avergüenza y nuestro corazón se hunde : “No lo sé”.
Y más que miedo, producen un escalofrío por cuanto sus muertes en la mayoría de los casos son seguras, ya que una gran mayoría mueren atropellados o sacrificados en perreras municipales. Y en esas perreras, entra de todo, animales pequeños, cachorros, ancianos, adultos, gatos, perros, todo lo considerado como mascota y doméstico, los definidos como canis familiaris y felis catus.
Y seguimos sin poder abrir los ojos que se entornan por indignación y por vergüenza ante la propia especie. Por irresponsable y por no atender a la razón de que los animales “inferiores”, “irracionales” como se les quiera llamar, tienen su propia condición, su propia esencia, su propio existir. Todos ellos. Ya depende de cada uno el nivel al que quiera extender ese respeto.
En las mascotas y animales domésticos, no son humanos y sin embargo, estúpidamente se les humaniza. No son racionales y sin embargo se le aplica la lógica humana. Tiene su propio comportamiento, sus propios orígenes y sin embargo se les socializa hasta aborrecerlos. No hablan y sin embargo se les obliga a responder, no tienen pesadillas y sin embargo se les abandona para que las tengan.
Desgraciadamente es un goteo continuo de abandono y maltrato de perros y gatos y para el que no parece haber fin. Legislación hay, claro que hay y en alardes de generosidad legislativa el Código Penal contempla hacerles daño y maltratarles y las leyes autonómicas también contemplan la tenencia responsable, fomento, etc., todo se contempla y todo parece estar contemplado.
Es una situación cansina, repetitiva, cargante, pesada. Siempre lo mismo. Y miramos detenidamente el día a día y contemplamos la misma escena pero con distintos decorados. Las mismas caritas con distintos colores y la misma chulería para la misma indiferencia. Los mismos veranos para los masivos abandonos y las mismas épocas para el fin de la veda. La misma frase para la misma historia.
Y no nos cansamos, sencillamente seguimos, todos aquellos sensibilizados con este problema, cada uno como puede.
Una y otra vez. Y les preguntamos y ellos no saben qué decir porque bastante tienen con mirarnos y preguntarnos por qué y nosotros bastante tenemos con decirles , mientras nuestra lógica se avergüenza y nuestro corazón se hunde : “No lo sé”.
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