6 de junio de 2010

Emociones invisibles

La emoción es definida como una suma de reacciones corporales y su posterior percepción consciente. Se produce en el cerebro y su objetivo es provocar una respuesta. Según estudios científicos, compartimos con los primates, algunas emociones como el miedo , el placer o la sorpresa y el humano ha matizado estas emociones con la culpa o el orgullo. Las investigaciones científicas actuales conducen a sostener que las estructuras cerebrales y sus sustancias químicas son comunes a mamíferos, reptiles y aves, y que es posible que puedan tener vida emocional.

Estos matices, no acarrean más que problemas a sus poseedores y la especie humana, consentida y caprichosa a base de trajinar durante siglos con estas complejidades, no hace más que demostrar lo poco que le sirven estas emociones, el mucho trabajo que le dan y lo poco que aprende de su reincidencia.

Los prejuicios en la historia, siempre evitaron manifestarse sobre si los animales poseían emociones y aunque Darwin ya atisbó que entre animales y humanos existía una continuidad, los prejuicios basados en una presunta propiedad absoluta del humano sobre el universo de los vivos y de los muertos, del presente y del futuro, de la tierra y del mar, de las aves y del firmamento, quebró la remota posibilidad de pensar que los animales pudieran tener emociones.

Actualmente, las investigaciones que se están realizando no pueden sostener más la idea de que el ser humano, ese adepto a la ira, a la vergüenza y a una culpa vitalicia y generacional en muchas ocasiones, no es el único que puede sentir emociones y que los animales son capaces y más que capaces de tenerlas.

Quizás estas posibilidades que atisban lo que muchos ya sienten y comparten sobre la vida emocional en los animales conduzcan a una verdadera reflexión sobre el acoso, derribo y sufrimiento innecesario con el que se les trata por el mero hecho de serlo y una nueva perspectiva de aprendizaje emocional aflore en las conductas de aquellos que sólo perciben emoción cuando dañan a los de sus propia especie o a otras.

Nosotros, como tantos otros modestos participantes en objetivos solidarios de protección animal, nos quedaremos en el intento de producir emociones positivas con pensamientos positivos ante una realidad hostil y cruel, una realidad negada que no vamos a poder cambiar solos y que en su mayor tragedia, adolece de vagancia institucional y adormecimiento colectivo.

En cualquier caso y gestionando un Refugio de animales, intentaremos siempre dibujar bocetos positivos que te permitan colaborar, que reduzcan si es posible tus niveles de estrés e incrementen la actividad de tu sistema inmunitario. Emociones como la gratitud el interés y la colaboración solidaria las tendremos siempre presentes y buscaremos el mejor modo para que colabores, en esta asociación o en cualquier otra porque se trata de construir, erradicando las causas, un mundo mejor del que hay, no de manifestarse con silencio a favor del que injusta y desequilibradamente ya existe.

Tenemos una gran deuda con los animales, una deuda histórica que se pierde en el principio de los tiempos, que ganó muchas víctimas con las ideologías, los cultos, creencias y la ciencia y que no es suficiente con recodarla todos los 4 de octubre de cada año. Quizás esté llegando la hora de que reconociendo científicamente la existencia de sus emociones les devolvamos con respeto todo el daño que se les ha hecho. Que se les reconozca que son “sujetos” en un mundo paradójicamente repleto de objetos inservibles, de sujetos repetibles y hasta trágicamente invisibles.

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