26 de julio de 2010

Ataditos, amarraditos



Sr. Sra. Desconocido/a,                                     

Ha sido una sorpresa, aunque esperada, es la sorpresa de casi todos los días. No puede imaginarse    el vuelco de corazón que nos has dado, realmente creemos que lo tenía preparado porque de verdad, ha sido preciosa la escena de volver a encontrarse con una de las partes más lúgubres de la naturaleza humana, bueno, es una especie de luminiscencia lúgubre,   esa  la de la falsa  compasión endosada, esa que en base a un mal entendimiento y aplicación de los conceptos, coloca el problema a un tercero sin opción a pataleta, contestación o correspondencia.

Hemos ido como cada día a partirnos un poco la paciencia, a destrozarnos la esperanza y  a  congestionarnos nuestro tiempo libre si acaso un poquito  más cuando de pronto, en esa casita hecha parece que a medida de los abandonos intencionados y negligentes, ¡oh!, nos hemos encontrado  con unos cuantos peluchones atados con cuerdas de esas que si empiezas a darte vueltas, puede que te asfixies o si acaso te estrangules y ya sabéis, los perritos, los alevines peluchones, no saben ,no comprenden, no tienen un cerebro tan desarrollado como nosotros los humanos y la verdad es que podían haberse hecho  mucho daño. Imagínese si se asfixian qué escena encontrarlos muertos, cianóticos, fríos,  esperando que alguien recogiera sus pequeños cuerpecitos para luego  dejarlos en lugar apropiado y al siguiente día hábil que viniera la furgoneta recoge cadáveres de la  incineradora  contratada donde su carne se volvería cenizas y sus cenizas olvido.
 Pero bueno, lo importante es que los habéis dejado bien atados a punto de estrangularse a las puertas pero bien atados, estamos seguros que lo habéis hecho de buena fe y con buen corazón, porque corazón vaya que sí habéis tenido  y la verdad nos ha emocionado mucho la sorpresa porque no penséis, estas sorpresas son más que diarias, ya si acaso lo que trasciende es un poco la novedad, lo novedoso.
Las cuerdecitas la verdad, han estado muy bien. Sí que hemos notado   que había una perrita que suponemos sería la madre, la tía o vete a saber qué, la cuestión es que no se ha ido del sitio por lo que suponemos era familia cercana o conocida. No podemos saber si los peluchones y familia eran vuestros y no podíais tenerlos o si acaso en algún rinconcito estaban los pobrecitos malviviendo y antes de que se los llevara la perrera y los aniquilara pues qué mejor que dejarlos atados para que un grupo de voluntarios de  una asociación  privada que gestiona un albergue de animales, se preocupe por ellos y le generen más problemas. Precioso, de verdad, estamos muy contentos.
Como le decimos, lo de las cuerdecitas ha resultado un poquito imprudente  y negligente pero bueno, más vale eso que lanzarlos por el muro donde más que probable se espachurren cual    masa arcillosa  y luego, medio vivos, agonizando o ya casi, casi muertos,  sean rematados por el problema irracional de la territorialidad.
O dejarlos en el contenedor, tapados con maderas y unos cuantos pedruscos para que el peso vivo resulte peso muerto transcurridas unas cuantas horas, en fin, que gracias por el detalle. Lo primero que hemos hecho ha sido, ponernos en la agenda un nuevo problema, bueno, unos cuantos problemitas más porque, hay que desparasitarles, vacunarles, ubicarles, alimentarles, darles asistencia veterinaria, en fin, una cuantas ocupaciones que te aseguramos nos tendrán distraídos un poco más de tiempo y cuando no haya dinero para mantenerlos a todos, si acaso, nos dejáis los teléfonos para llamarles y decirles, Sr. Sra. Desconocido, no podemos alimentar más a estos animales, podría llevarse el que dejó, si no, vendrá el Monstruo de la Galleta y se los llevará a todos.  Y nombres,  que también hay que ponerles nombre, Pim, Pam,  Coquito, Chaquito,  Cacafina y Cacalina, Coral y Bufín,  santoral católico, glosario zen,      sánscrito y no se sabe qué más indagaciones  en busca de nombres.

Esperamos que eso no ocurra nunca pero sería conveniente que nos recordara por si acaso algún día es necesario dejarles el regalo que nos ha hecho. Podemos asegurarles que nuestro, lo que se dice nuestro, no hay ninguno.    Todos son regalos impuestos  como es este caso y  tenemos además  facturas de abandonos, de maltratos, de indiferencias profundas, de mediocridades  y hasta de bravuconadas.   Bueno, en fin, que gracias por el detalle.  Desde lo más profundo de esa lacra social, un saludo.  

(Resumen de escrito, no apto en todo su contenido, redactado por letras en estado de agotamiento recurrente   un 22 de julio de 2010, caluroso y pegajoso  a las puertas del Refugio)    

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