No sabíamos cómo hacerlo pero nos arriesgamos, era el mejor modo de saberlo. Integramos dos escenas diferentes en un mismo momento, seguramente añoraban un cálido encuentro entre sí.
Haces unas semanas aparecieron por el Refugio Lorena e Ismael. Nos trajeron ayuda y prometieron volver.
Y volvieron con una líneas entrelazadas recordando páginas de una vida que nunca sabes por qué, te gustaría compartir con los demás, emociones o sentimientos que quedan aparcados en el olvido de una fotografía enmarcada en algún lugar del ordenador o en algún rincón especial de la casa aunque en realidad, nunca se fueron, sólo necesitaban ser compartidas, fundirse en un instante preciso, casi universal, en un instante de esos que parecen infinitos y que abofetean dulcemente a este mundo tan lleno de prisas y desconciertos, este planeta adormecido tantas veces…
Fue hace años, en su casa de campo, aparecieron un buen día dos “animales”,perdidos, abandonados, ahuyentados…
Nuca y Calandraca, dos simples perros que nunca lo fueron y que tras recibir comida y agua, permanecieron en aquella casa hasta que Lorena volvió al día siguiente y comprobó con alegría que no se habían ido.
Después, días y días alimentándoles y protegiéndoles de la intemperie… y bien creyeron que por fin, habían encontrado un hogar. Pero Calandraca, un buen día desapareció y nunca supieron qué le ocurrió, Nuca, sin embargo permaneció hasta su muerte, de lealtad es más que probable que hubiera podido aleccionarnos muchísimo.
Durante muchos años permaneció junto a Lorena con aquella mirada tranquila, con aquel afecto irracional tan estúpidamente interpretado pero tan convincente para aquéllos a los que las palabras les sobran.
Colocaron a toda la camada y Lorena se quedó con un hijo, Beethoven, el gran Beethoven y hoy, con sus diez años, siempre será aquél cachorrillo juguetón, rebosante de energía que está y estará siempre con nosotros y será siempre hijo de “Mi Nuca”. Sus mismos ojos, su misma mirada.
Fue su gran historia, su historia particular que empezó hace 14 años un inesperado día de verano y aún hoy permanece en el recuerdo de quien la vivió.
Y como el tiempo es inexorable y la vida continúa, Lorena e Ismael volvieron al Refugio y apadrinaron a Noé, un perro mestizo de sabueso, bueno y nada conflictivo que ojalá tenga tanta suerte como tuvieron Nuca y sus hijos, como la tuvo Beethoven.
Noé, ya estás aquí, ya estás con tus padrinos, ya estás con tu madrina Lorena, ya apareces en un momento difícil del tiempo, un momento de cambios, de dudas, pero estamos seguros que tendrás tu puesto en este gran círculo. Estamos seguro Noé. Volverán a visitarte. Tenlo por seguro. Pero no podemos olvidarte y te buscamos un hueco en este mundo mejor del que tienes.
Te alejaste de los pantanos, ahora sólo hemos de encontrar el Agua Cristalina donde puedas bañarte toda tu vida. El tiempo vuela Noé, hemos de seguir. Con mucho afecto, tus padrinos.Con mucho cariño, todos los que te conocemos.
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