Querido perrito, nos alegramos mucho que hayas vuelto, no puedes imaginarte lo que te echábamos de menos y lo mal que lo hemos pasado, lo cierto es que ya sabes, a veces, las cosas no son lo que parecen y cuando parecen, realmente no lo son. Somos muy mortales, normales y corrientes. Suponemos que como el resto. Por eso, nos podemos equivocar y vaya si nos equivocamos pero dentro de nuestras limitaciones hay cosas que no podemos llegar a comprender, debe ser por nuestra condición de efímeros portadores de una existencia finita que asumimos modestamente.
La enfermedad que tenías era totalmente curable, sólo hacía falta una buena dosis de paciencia, constancia en la medicación, un poquito de atención y si no era mucho pedir, un poco de cariño.
Pero no, la enfermedad no tenía cobertura, era una contingencia inasumible.
Querido perrito, querida recién estrenada madrina, odiosas tinieblas, requemados miedos, estúpidos argumentos, lo sentimos, no podéis permanecer juntos, ya no.
No lo vamos a permitir.
Querido perrito, bienvenido de nuevo. Si el hueco que te mereces está ahí, lo encontraremos.
Saludos de gratitud, al tiempo, a la oportunidad, a los esfuerzos , a la coordinación, al reloj que nos machacó y a los malos pensamientos que sucumbieron mientras intentábamos arreglar la realidad.
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