Sus cristalinas miradas dan miles de tumbos, reciben cientos de patadas y sufren miles de traspiés. También son infinitamente respetados y queridos.
Pueden convivir perfectamente entre sí y sin embargo, una parte del mayor depredador de este planeta se encarga de confundirles, atacarles, disuadirles cruelmente, atosigarles y hostigarles hasta el aniquilamiento.
Son muy hermosos. Limpios en su lenguaje y en su verdad. No mienten ni discuten. Es lo que son.
Jamás ríen para esconder su pena y desasosiego ni descartan su alegría. No racionan su demostración de cariño ni les avergüenza expresarlo, son pacientes y a menudo demasiado con sus dueños traidores.
Aguantan los humos de las colillas y el humo del malhumor. Son portadores de bienestar y sin embargo… en muchísimas ocasiones son tremendamente desgraciados.
Resultan ser una de las mejores terapias para el espíritu y si acaso, son capaces de confundirse con la complicidad, esa que vuelve a demostrar una vez más que no necesita de las palabras para expresarse, con su propio lenguaje les sobra. Pueden llegar a sufrir hasta la extenuación…simplemente por fidelidad.
Son hermosos.
¿Por qué no te animas a adoptar uno? ¡Hay tantos intentando demostrarlo!

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