16 de junio de 2011

Desamparo

Según la Real Academia Española, el término abandonar es sinónimo de “desamparar”, dejar sin amparo a algo o a alguien que lo pide o necesita.
 
Una sentencia de la Audiencia Provincial de Segovia así lo entendió en marzo de 2007 cuando condenó a una mujer que abandonó a su perra y esta, tras ser encontrada    con quemaduras en el 70% de su cuerpo e identificada por el microchip, se negó a recogerla alegando que “ya no la quería”. 

El Tribunal argumentó para condenarla que … el abandono puede entenderse tanto desde un punto de vista activo como omisivo, bastando con que la conducta cause desamparo del animal (…) el abandono se puede producir tanto porque se deje al animal o porque se le coloque en situación de desamparo, puesto que la obligación moral y legal de todo propietario de un animal es cuidar del mismo y darle la asistencia que precisa para permitir su vida e integridad.”  

 
El abandono  de animales  domésticos o de compañía   , se ha convertido    desde hace mucho tiempo en algo   habitual, “normal”, impune,  si bien   es cierto que   despierta en una parte de la  sociedad,    sentimientos de compasión, de  simpatía, protección,   actitudes   de implicación personal y colectiva, desinteresadas y  con   deseos expresos de mejora, de cambio   … implicaciones sentimentales  al fin y al cabo en las que los protagonistas fueron y son ellos, los animales perdidos en el mar del abandono  y a ellos se les dedicó y se les dedica el mejor de los recuerdos y la mejor de las acciones. Y debiera tenerse en cuenta.

Y en un ámbito más cercano, dejar dejar a un animal de compañía en un albergue alegando imposibilidad de mantenerlo y cuidarlo, puede ocasionar malas interpretaciones entre otras porque desde el inicio, la tenencia y posesión del animal fue un compromiso, una obligación legal, un compromiso emocional, el de cuidarle y atenderle porque es un ser dependiente del humano, muy dependiente y difícilmente podrá buscarse la vida entre caminos y carreteras  .  
A pesar de todo,    en poquísimas ocasiones las razones son suficientemente convincentes para abandonarlo de esa manera.   
Un albergue, no es una residencia con garantías, un albergue no es un lugar donde el paseo es gratificante y la noche tranquila. Un albergue es pura supervivencia entre barrotes, verjas, cemento o tierra batida y en ocasiones, puede ser un fracaso, un rotundo fracaso. Dejar a una animal acostumbrado a la costumbre para acostumbrarlo a que se acostumbre a un albergue alegando imposibilidad de atenderle es una forma de desamparo por mucho que los cuidadores y responsables del recinto intenten rescatarle de su propia sorpresa y desubicación, darle protección,  cobijo y comida.  Quien deja a su animal de compañía en un albergue lo desampara iniciando los cuidadores el incierto camino hacia la integración y como fin primordial    la adopción o una digna vejez si puede ser.
Quien lo abandona directamente, no le da ni esa posibilidad.  
De lo demás... la pequeña Lady, aquella perrita del montón de huesos no soportó su resistencia a no morir y se fue. Carmen, su mamá de acogida, que   tanto y tanto  luchó por ella, no lo consiguió aunque le dio la mejor de las despedidas, la de la dignidad.  
Esto es una carrera de fondo sin meta, porque   la idea, es  siempre  que tienen todo el derecho a no sufrir y  no padecer maltrato del tipo que sea. 
Recibimos fotos que nos encantan de Nova y sus amigos, de Mario, del pequeño Dick ahora Blacky y de Pancho, felizmente adoptado. Brad sigue vivo a pesar de aquellas extrañas visiones apocalípticas y Blacky, no se acostumbra a su desamparo, gritando sin gritar y ladrando sin ladrar.
Gerard, por fin fue amadrinado y Gucci, el perrito de la mala suerte, el del final del pasillo a lo largo de unos cuantos metros, ese en la jaula con humedad y mucho frío en invierno, ese de la carita marcada, tristón y tímido ahí está, amadrinado ya pero ahí está, esperando, como Danko…envejeciendo. 
El albergue está saturado y eso es peligroso porque genera peleas y disgustos.    Aumenta el gasto y tambalea     la idea de que algún día esta situación mejore y las respectivas leyes protectoras con buenos preámbulos, catálogos de infracciones y sanciones resurjan del aletargamiento y sin perjuicio del antropocentrismo imperante, los animales también tengan bien reconocido su derecho a no ser maltratados ni abandonados.
Te dejamos como siempre agradeciendo y si acaso,   al perro de la patada en el morro y las piezas dentales desaparecidas, avisaremos a quien se la propinó, a Poli-Didac el del tumor en el testículo que lo devuelven por no poder atender más que se queda sin casa de acogida y estamos ya un poco desesperados y al otro y al de más allá.
De Telma, nunca más supimos. De otros, posiblemente ya estén muertos.

Supimos de Ricitos que se recupera poco a poco y qué hacer salvo agradecer a Carol todos los cuidados que le está prestando, como a Magda con Muguy y Dinki, como a Ana con Clunic, como a Bruno, a la siempre incondicional  Rebeca, a tantos y tantos que a veces no son suficientes…
Estamos saturados pero da igual, a la mala compasión le da igual. Al indiferente, también, a la impunidad lo mismo y a la combustión de mala sangre, igualmente.  Menos mal que a ti  no. 
Ponemos estrellitas y arco iris, unos cuantos, en memoria de tantos y tantos.

En fin, tengas un buen día y recuerda, si quieres y  puedes venir, el día 18 de junio sobre las 10:30-11 horas haremos unas cuantas fotos para el próximo calendario de 2012, en el Refugio.  Lo dicho, tengas un buen día y a la perrita Nora, enhorabuena, de mucho corazón.

Y  sí, estamos saturados. De abandonos y desamparos.






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