
Es posible que nunca sea adoptado, ya ni se sabe de dónde vino, por donde apareció, qué fue de su pasado y qué le deparará el presente salvo vivir en una jaula y estar expuesto todo el tiempo que sea necesario a las inclemencias y al riesgo de sucumbir. Es posible que muera de viejo o alguna enfermedad se lo lleve. Pero sabemos que está ahí y que tiene todas las posibilidades porque no hay nada tan inseguro como la certeza.
Quizás la estadística, de tan contundente aplaste nuestras ilusiones pero no, aquí tiene sus minutos de gloria, su visión, la madurez de nuestros sentidos al mirarlo, su buen comportamiento y quizás su propio desconocimiento, el de no saber que tras los muros, existe una posibilidad. Una pequeña posibilidad. Aunque sea muy pero que muy pequeña.
Es lo que dicen. También es posible que es lo que sea, pero con la posibilidad, aunque sí puede que sea minúscula.
O tal vez no.
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