Esta perrita, probablemente no gane ningún concurso, ni su mestizaje atraiga a casi nadie. Tampoco sentará bases para pilares de bellezas singulares, ni extreme la perfección de contornos o teorías sobre las proporciones, tampoco sea templo de discusiones sobre la belleza, da igual, porque esta perrita está alegre y feliz, existe. Está. Vino algún día y se quedó.
Esta perrita, puede que nunca sea adoptada o puede que ocurra algo muy especial , como son esos momentos, aparentemente desapercibidos, esos instantes, esas ráfagas de tiempo impreciso que focalicen tanto el interés que la mirada se despierte y tanta evocación produzca en los sentidos que por qué no, alguien se plantee detenerse y mirarla detenidamente.
Es posible que todo sea posible y que Laury, bonita Laury, tenga suerte, porque aquí, se trata de suerte, de que alguien se fije en ella y la adopte. Mientras tanto, todo un revuelo de esfuerzos e intenciones alrededor de ella y de muchos como ella para mantener los buenos hábitos en los ideales y las buenas formas en las intenciones.
Estará ajena a tanta preocupación, a la lotería de navidad, a los calendarios, a las prisas, al estrés, a los problemas y a sus soluciones, pero es que, tampoco necesita tanto, sólo que alguien se fije en ella, bonita Laury.
Aún no le hemos prometido el cielo ni las estrellas, ni una correa, ni unas vacaciones, tampoco una cálida mantita, nada, no queremos adelantar acontecimientos pero aunque mestiza es guapísima. Mestiza o no mestiza, qué tontería, qué más da.
Henry Miller dijo que “El momento en el que prestamos gran atención a algo, aunque sea una brizna de hierba, se convierte en un mundo misterioso, formidable, indescriptible, magnífico” Va por ti bonita Laury.

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