5 de octubre de 2011

Cuatro de octubre


Ayer, cuatro de octubre, fue el  Día Mundial de los Animales, hoy también. Y mañana y mañana.
        Hoy también es el día de los animales, de los terneros y de los animales de laboratorio, de los que dieron su vida a  la ciencia y de los innecesariamente la tuvieron que ofrecer. También para todos los que sufrieron  la cosmética en sus ojos y piel.   
               Hoy también es el día  de los bonobos y chimpancés, de los que padecieron la doma en  el circo y  hoy también es el día de  los  que hoy, sus especies ya  se extinguieron  o   en peligro de extinción, miles de probetas intentan desesperadamente conservarlas. Hoy como ayer,  es el día del transporte interminable  por carretera  de animales de granja    y  de las larguísimas horas de   de los que no tienen más nombre que su utilidad.
               Hoy, como ayer, es el día de las vacas, de las ovejas y  de los pollos hacinados, del atún y  del Trogón, del buitre leonado  y de  la mortadela con chorizo, de la pescadilla y de la foca monje, del oso polar y del conejo, hoy, como ayer es el día de las gambas y los caracoles, de los percebes y las sardinitas, hoy como ayer,   también es el día de los que hoy, esta tarde o esta noche,  irán al matadero y no volverán  nunca más a la estabulación abusiva ni a sus estrechísimos huecos, hoy es el día de las astas y el fuego,  de las mofetas, visones,  delfines y ballenas, zorros y tortugas. . Hoy, como ayer,  es el día de los perros y de los gatos, de los jilgueros y las jirafas,  también es el día de aquellos a los que el hígado se les reventó para hacer paté y en fin, hoy como ayer, también es el día de los animales, de todos los animales, incluso  de aquellos humanos que  así se sientan. 
Hoy como ayer y como mañana  es y será  el día mundial  de los animales, de todos los Animales.  

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