
Ayer, cuatro de octubre, fue el Día Mundial de los Animales, hoy también. Y mañana y mañana.
Hoy también es el día de los animales, de los terneros y de los animales de laboratorio, de los que dieron su vida a la ciencia y de los innecesariamente la tuvieron que ofrecer. También para todos los que sufrieron la cosmética en sus ojos y piel.
Hoy también es el día de los bonobos y chimpancés, de los que padecieron la doma en el circo y hoy también es el día de los que hoy, sus especies ya se extinguieron o en peligro de extinción, miles de probetas intentan desesperadamente conservarlas. Hoy como ayer, es el día del transporte interminable por carretera de animales de granja y de las larguísimas horas de de los que no tienen más nombre que su utilidad.
Hoy, como ayer, es el día de las vacas, de las ovejas y de los pollos hacinados, del atún y del Trogón, del buitre leonado y de la mortadela con chorizo, de la pescadilla y de la foca monje, del oso polar y del conejo, hoy, como ayer es el día de las gambas y los caracoles, de los percebes y las sardinitas, hoy como ayer, también es el día de los que hoy, esta tarde o esta noche, irán al matadero y no volverán nunca más a la estabulación abusiva ni a sus estrechísimos huecos, hoy es el día de las astas y el fuego, de las mofetas, visones, delfines y ballenas, zorros y tortugas. . Hoy, como ayer, es el día de los perros y de los gatos, de los jilgueros y las jirafas, también es el día de aquellos a los que el hígado se les reventó para hacer paté y en fin, hoy como ayer, también es el día de los animales, de todos los animales, incluso de aquellos humanos que así se sientan.
Hoy como ayer y como mañana es y será el día mundial de los animales, de todos los Animales.
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