9 de octubre de 2011

Resulta que...

                Y resulta que cuando queríamos  normalizar la situación,  arreglar los bebederos,  poner fotos de las bolsitas con pienso, con latitas, con lejía, con ropa, con todas esas cosas que traen, descansar,  respirar, donar  momentos inolvidables, olvidarnos del abandono, de la crueldad,  ir uno tras otro, patio por patio, apuntando su nombre en la  esquina  más visible del cuarto de las siguientes intenciones   y apostando por una solución a su vida irracional  que no fuera la  de morirse de asco en un refugio  sino encontrar el mejor de los hogares…  
Y resulta que  cuando apostábamos por la educación, por la sensibilización, por la concienciación, por los niños, por el futuro que se les iba a dejar, vaya que , después de todo, cuando pensábamos haber instigado suficientemente al cinismo y su parsimonia,  a la indiferencia y a la escasísima voluntad de muchos,  cuando saturados de beber el  caldo agridulce  de la paciencia  y acusado recibo al mundo de las pulgas, garrapatas ,  leishmaniosis canina, enfermos que se mueren  y esquinas donde ya no volverían a estar Wena, ni Cofi, ni Anita, ni Argento, ni Tommy ni tantos y tantos,  resulta que  vuelta a empezar, porque otra camada en forma de caja, aparecía a  pleno sol a 300 metros del Albergue y todo ello,  para terminar de recalcar aún más   el comienzo de la mañana.
El tiempo y la prisa  nos habían impedido contar muchas cosas y aún hoy  lo impiden.    Para agradecer, para pedir, para suplicar, para soportar e incluso para recelar.  El tiempo y la prisa nos han  dejado a medias con  mil proyectos y el tiempo y la falta de personas nos dio un puntapié en el tesón, otro en la constancia y otro, de cara,  que más bien se parecía a un gran  bofetón,  nos daba de lleno en la incertidumbre económica, en el presente cercano y con la estela de  la crisis,  un profundo miedo a si podrían continuar  comiendo pienso, seguir recibiendo asistencia veterinaria, si habría  dinero para  comprar vacunas y  aguantar la respiración mientras todo se saturaba o las previsiones se quedaban tan cortas  como para  plantearse comérselos a todos, comérselos a besos.    
Evidentemente la caja estaba bien puesta, de cualquier manera, como si poco importara,  al sol, con siete nuevos cachorros de pocos días, con sus ojitos cerrados y como arrancados de su madre que  desesperadamente  les estaría añorando. Quizás  se estaría preguntando por qué malditos humanos tienen que intervenir tanto y tanto en la vida de otros.  Por qué malditos humanos se camuflan e invaden los derechos paradójicamente tutelados por  la legislación que dicen les protege, por el Código Penal, por los discursos, por las Declaraciones universales…
Quien  fuera, quien les arrancó de su madre, quien ni siquiera es posible que sepa que esterilizarlos es sin duda el mejor método y si lo sabe no es lo suyo, evidentemente    quien fuera  no le  importaba  qué les pudiera pasar, lo mismo si se asaban, se asfixiaban, se los comían las ratas , se morían de hambre  o llegando la noche cualquier depredador   les devorara medio vivos  o vivos a falta ya de morir.     Lo cierto es que unos ciclistas vieron la caja y avisaron. Y allá que si no había bastante con el tiempo pendiente, si los contenedores no tenían suficiente  comida viva  y los camiones de la basura  la equivalente al aplastamiento de  bolsitas de plástico   o sacos  bien cerrados con vida dentro , si acaso no se tambaleaba demasiado la vida animal en las ciudades y en los pueblos, en los caminos y las urbanizaciones ya formaban colonias de abandonados sin nombre , si acaso no había bastante, ni suficiente con que  los refugios estuvieran  a rebosar  y las comúnmente llamadas perreras no recogieran  bastante, si todo ello no era suficiente, allá que se fueron a recogerles .     
Si a pesar de todo y aún así, el asfalto  de las carreteras ya  huele a putrefacto y la impunidad en el abandono es un mal drama, si todo eso no es suficiente  para ver un problema, para que se vea ese  problema, algo falla. Algo muy grande falla. El modo de ver, el modo de mentir, el modo de ver  a unas especies que ya, científicamente han podido demostrar que tienen emociones, algo por otro lado ya se  sabía.Mucho dinero público se está gastando en exterminar animales abandonados y curiosamente mucho dinero   ya  no  público sino privado, de los ciudadanos y ciudadanas  se está gastando en salvarles la vida pero siempre,  como siempre, la realidad está descompensada.    
Si todo esto no es suficiente, y  no hay voluntad para arreglarlo, si nada cambia,  si las leyes se regodean en la ambigüedad  para ejecutar y en la tutela penal,  las víctimas aparecen desprotegidas porque casi nadie se acuerda de que  efectivamente lo son, si esto es así, el tono y la pauta continuarán subiendo in crescendo hasta dejar a la propia realidad maltrecha y desprotegida y a los corazones de  muchísimos ciudadanos/as rotos, realmente rotos.
  Si nada es suficiente, ni  nadie va a hacer nada por remediarlo no quedará más remedio que buscar un barco, un gran barco y allá que se subirán todas estas criaturas  que  se irán más allá del horizonte  vestidas de lo que son, víctimas en un mundo que les llenó el morro de leyes pero  no consiguió protegerles porque entre otras cosas no puso mucha voluntad.         
Mientras tanto, con un tremendo esfuerzo,  continuaremos subiendo fotos de niños, de muchos niños, de sus padres, de voluntarios, de bolsitas con latas, con bolsas de basura, con botellas de lejía, fotos  de cachorros en cajas de plástico, esas para poner naranjas o de cartón, o sacos, fotos  de personas con nombre y apellidos que tienen mucho que decir y que no se tienen por qué callar porque al fin y  al cabo, para los animales, los niños son su futuro, su bocanada de aire fresco y esperanzador, sus puertas hacia una nueva forma de respetarles   y  por otro lado, muchos adultos, ciudadanos igualmente, que hoy por hoy,  son su  única voz. 
 Y a este texto no le vamos a poner ni una sola foto, bueno sí, una o como mucho dos, la de la caja esa de los siete cachorros a pleno sol, esos que les que arrebataron   a su madre  porque sí. Y porque acabando el día y  si  las palabras se quedan cortas,  los discursos se avergüenzan  de serlo  y   la reflexión  puede ser la mejor de las intervenciones, nos queda el barco, donde les subiremos a todos y nos los comeremos. A besos. Porque no hay  derecho y porque son víctimas, muy víctimas.  
 Y… ¿Qué fue de la cajita? Pues hoy duermen  repartidos en casas improvisadas tras  cientos  de horas de llamadas en un tiempo desconcertante, en un requiebro de planes  y de palabras. Los siguientes que vengan, es difícil saberlo.
Su futuro, lo desconocemos, posiblemente  será muy parecido al de otros muchos que hoy envejecen  como las paredes y muros que les cobijan. Esperemos que no.

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