8 de noviembre de 2011

En el frio de la noche


Eran cuatro. El domingo, uno murió de frio. Estaban en una caja de cartón, alguien los dejó en la puerta. Solos. Abandonados. Se recogieron y ya no teníamos más casas de acogida, se quedaron en el Refugio. Sí, uno de ellos, murió de frio, en esa noche tan larga, tan horriblemente larga.
En ese tiempo  tan compasivo, ese tan –dicen que… respetuoso. Ese tan horrible. Ese tiempo de esas personas que lavaron su conciencia para vomitar en la de otros.  
¿Era compasión? Era compasión…
…soy  Laika, tengo epilepsia y estoy hinchada de tanta medicación, sólo necesitaría un pequeño espacio, una pastilla al día y tranquilidad, nada más… estuvieron conmigo pero no les pude arropar, demasiado tenía yo conmigo misma  y mis ataques. No pude estar con ellos y uno se despistó y se alejó de sus hermanitos y el frio de la noche le apagó, tiritando le apagó. Le vi pero no puede hacer nada.
Estoy bien hasta que deje de estarlo. Ellos son muy pequeños, demasiado pequeños, casi no comen solitos pero ya no se puede hacer más.
…Hola, somos las paredes que lo vimos. Estaban solitos, muy solitos y Laika está agotada, muy agotada. Querido mundo si acaso nos escuchas… unas líneas a los políticos que nos tengan en cuenta, unas líneas a los discursos que  nos conviertan en párrafo, unas líneas a la compasión que nos de tregua  y el abandono cese…, un argumento que sea convincente por favor, una palabra amable que no mate, un fuerte abrazo  que no estrangule, una patada que muera para siempre,  un disparo que cese   infinitamente  afónico, angustioso, para siempre, una luz que ciegue a los visionarios y les de una oportunidad a los invisibles … sí, murió de frio.
Hola, no somos nadie pero lo vimos todo. Tal vez por eso escuchábamos el viento y la lluvia que mojaba el silencio e implacable,  hacia sangrar de frio  al recién llegado y  le susurraba hilos de muerte.
Lo vimos todos y no, no éramos nadie.
De la conversación entre las cosas y los seres.

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