Diciembre Enero 2010
Cuando el día se acaba, cuando las palabras ya no tienen sentido y el silencio es el mejor de los lenguajes, el más evidente y duradero, buscamos a nuestro animal de compañía y pensamos que tal vez ellos, los animales, sí que tengan respuestas a nuestro caos. Mientras tantos, nos dedicaremos a lanzar palabras intentando salvar el sentido y la coherencia. La especie humana es extraña y de eso, los animales irracionales saben bastante.
Han venido padrinos a ver a sus ahijados. Nos encanta. Qué podemos decir…Una preciosa instantánea, ellas felices, el
los orgullosos. Mucha suerte. Han adoptado a Rex...
Han dejado unos cuantos cachorros en el contenedor que hay en la puerta del Refugio, ha sido casualidad que se oyeran los leves gemidos. Son cachorros y estaban en el fondo del contenedor. Dentro de una pequeña caja de cartón. Este tipo de regalos que suelen hacer las personas de buen corazón, suelen ser extraños presentes con extraños propósitos. Si lo dejan dentro del contenedor y nadie les oye, serán triturados por la máquina que retira la basura. Lo justo sería que los hicieran visibles, tal vez por eso, muchos son extraños regalos.
Otros, son el pequeño animalito que compasivamente para protegerlo del mundo infernal, arrojan por un muro de cuatro metros de algo que lo único que consiguen es destrozarle sus pequeños huesecitos o estamparlo directamente contra el hormigón obteniendo o una
muerte súbita o un final agónico hasta el día siguiente si acaso da tiempo a recogerle vivo. Es la extraña compasión humana.
Han surgido despropósitos pero son parte del quehacer diario. Todo queda sujeto al cambio y todo cambio queda sujeto a mejoras. Salvo tonterías, todo es mejorable. Y las tonterías, tonterías son. Continuamos.
Ha entrado Clunik. Un podenco al que le arrancaron de cuajo los testículos. Su comportamiento resultaba extraño. Cuando se le llevó al veterinario, del examen ocular se comprobó que sí, que le había arrancado brutalmente los testículos. Su tierna mirada, su dulzura, su paciencia, no reflejan en absoluto el terrible daño que les hacen a estos animales llamados “ de caza”. Está en casa de acogida a la espera de un hogar. Necesita tratamiento de Vitamina B y mucho amor. Desde aquí, que encuentre lo que se merece.
Planeamos por el Refugio y hay de todo. Hijos de hijos errantes, vagabundos acudiendo en busca de comida. Otros, de escasos días, acuden por voluntad ajena a las puertas del refugio hacinados en una bolsa de plástico, en una caja de cartón dentro del contenedor por aquello de que la trituración sea menos engorrosa o dejados caer en cualquier arbusto en un acto de rarísima compasión. Algunos, con el rostro destrozado y ojos perdidos en el sentido más literal de la palabra. Otros, con patas fracturadas y tremendamente enfermos cuando no, famélicos entristecidos y cachorros hiperactivos golosos de juego y comida y completamente ajenos a su propio drama. Y ya por qué no, perros ancianos para los que la mirada ya resulta compasiva o los “típicos” galgos y podencos en avanzado estado de desnutrición y que sin embargo, por su extraña naturaleza, su misteriosa mirada y su discreto actuar, pueden llegar a convencer de que su fortaleza aún les perdura. Todo es susceptible de abandono, bebés perros en un contenedor, bebés
gatos, esqueletos vivientes con sus instintos triturados, sombras vivas en una vía rápida…en esta sociedad de servicios y de consumo, ellos resultan como tantos otros seres, un simple detalle sin importancia…
Poco hay que decir. Las palabras poco tienen que decir, más bien sobran, estorban. La evidencia es quizás la única certificación que no requiere asentimiento ni aprobación. Es así. Por lo menos esta.
En este país, llevamos mucho tiempo acostumbrados a que las leyes en este ámbito no se cumplan y no haya una voluntad mayoritariamente política que quiera que se cumplan por lo que no nos sorprende el desarrollo de las acontecimientos. Los grandes discursos son eso, grandes discursos. Sí, legalmente se les promete defensa y resulta extremadamente alentador cuando una sentencia condena a algún tipo por sobrepasar los límites del respeto hacia los animales domésticos pero es irrisorio en comparación con la cantidad de atracos al infortunio de estos seres que, tremendamente olvidados en muchas ocasiones, llegan a sucumbir a manos de individuos sobresaltados, desequilibrados o sencillamente malvados.
Sea como sea, quien sabe si algún día el orden vital y los niveles de consciencia cambian tanto que la naturaleza humana se dulcifica, adopta esa actitud de mente amable y afable con el mundo y comprende de una vez por todas que cada ser que nos rodea es un ser único, sea racional o irracional, sea pensante o no , tenga raíces o alas, tenga piernas o patas, sea blanco o negro, hable o ladre, sea mudo o las palabras sean su vehículo.
Estos días ha estado lloviendo, frio intenso y lluvia.
Ayer 15 de diciembre de 2009 , se nos quemó la clínica, un cortocircuito, por la noche. Terrible. No tenemos las palabras adecuadas ni las inadecuadas ni las oportunas ni inapropiadas. Sencillamente no tenemos respuesta a ninguna pregunta ni pregunta para alguna respuesta.
Ha sucedido. Todo quemado, destrozado. Vuelta a empezar. No
queremos palabras. No nos sirven. El frio intenso y la lluvia incesante rematan el desaliento.
Ha quedado todo destrozado, inutilizado, consumido por ese fuego que dicen purifica si bien pensamos que en estos casos sólo destruye y arrasa.Cuando se reacciona, el dolor se queda muy adentro y comienza la respuesta “normal” de evaluar los daños e intentar reparar lo que pueda repararse. Por lo menos sabemos que no sufrieron.
Todo, absolutamente todo está inservible. La camilla, el frigorífico para las medicinas, el aire acondicionado para el verano y su asfixiante calor, cajas enteras de medicamentos, todo, negro, ennegrecido como el ánimo.
No sabemos qué pasa, qué ocurre, por qué es necesario trabajar tanto para conseguir tan poco. No sabemos por qué tanta dedicación y mientras un instante, una circunstancia, una casualidad, un simple atropello del tiempo, lo destruye.
Cuando el día se acaba, cuando las palabras ya no tienen sentido y el silencio es el mejor de los lenguajes, el más evidente y duradero, buscamos a nuestro animal de compañía y pensamos que tal vez ellos, los animales, sí que tengan respuestas a nuestro caos. Mientras tantos, nos dedicaremos a lanzar palabras intentando salvar el sentido y la coherencia. La especie humana es extraña y de eso, los animales irracionales saben bastante.
Han venido padrinos a ver a sus ahijados. Nos encanta. Qué podemos decir…Una preciosa instantánea, ellas felices, el
Han dejado unos cuantos cachorros en el contenedor que hay en la puerta del Refugio, ha sido casualidad que se oyeran los leves gemidos. Son cachorros y estaban en el fondo del contenedor. Dentro de una pequeña caja de cartón. Este tipo de regalos que suelen hacer las personas de buen corazón, suelen ser extraños presentes con extraños propósitos. Si lo dejan dentro del contenedor y nadie les oye, serán triturados por la máquina que retira la basura. Lo justo sería que los hicieran visibles, tal vez por eso, muchos son extraños regalos.
Otros, son el pequeño animalito que compasivamente para protegerlo del mundo infernal, arrojan por un muro de cuatro metros de algo que lo único que consiguen es destrozarle sus pequeños huesecitos o estamparlo directamente contra el hormigón obteniendo o una
muerte súbita o un final agónico hasta el día siguiente si acaso da tiempo a recogerle vivo. Es la extraña compasión humana.Han surgido despropósitos pero son parte del quehacer diario. Todo queda sujeto al cambio y todo cambio queda sujeto a mejoras. Salvo tonterías, todo es mejorable. Y las tonterías, tonterías son. Continuamos.
Ha entrado Clunik. Un podenco al que le arrancaron de cuajo los testículos. Su comportamiento resultaba extraño. Cuando se le llevó al veterinario, del examen ocular se comprobó que sí, que le había arrancado brutalmente los testículos. Su tierna mirada, su dulzura, su paciencia, no reflejan en absoluto el terrible daño que les hacen a estos animales llamados “ de caza”. Está en casa de acogida a la espera de un hogar. Necesita tratamiento de Vitamina B y mucho amor. Desde aquí, que encuentre lo que se merece.
Planeamos por el Refugio y hay de todo. Hijos de hijos errantes, vagabundos acudiendo en busca de comida. Otros, de escasos días, acuden por voluntad ajena a las puertas del refugio hacinados en una bolsa de plástico, en una caja de cartón dentro del contenedor por aquello de que la trituración sea menos engorrosa o dejados caer en cualquier arbusto en un acto de rarísima compasión. Algunos, con el rostro destrozado y ojos perdidos en el sentido más literal de la palabra. Otros, con patas fracturadas y tremendamente enfermos cuando no, famélicos entristecidos y cachorros hiperactivos golosos de juego y comida y completamente ajenos a su propio drama. Y ya por qué no, perros ancianos para los que la mirada ya resulta compasiva o los “típicos” galgos y podencos en avanzado estado de desnutrición y que sin embargo, por su extraña naturaleza, su misteriosa mirada y su discreto actuar, pueden llegar a convencer de que su fortaleza aún les perdura. Todo es susceptible de abandono, bebés perros en un contenedor, bebés
Poco hay que decir. Las palabras poco tienen que decir, más bien sobran, estorban. La evidencia es quizás la única certificación que no requiere asentimiento ni aprobación. Es así. Por lo menos esta.
En este país, llevamos mucho tiempo acostumbrados a que las leyes en este ámbito no se cumplan y no haya una voluntad mayoritariamente política que quiera que se cumplan por lo que no nos sorprende el desarrollo de las acontecimientos. Los grandes discursos son eso, grandes discursos. Sí, legalmente se les promete defensa y resulta extremadamente alentador cuando una sentencia condena a algún tipo por sobrepasar los límites del respeto hacia los animales domésticos pero es irrisorio en comparación con la cantidad de atracos al infortunio de estos seres que, tremendamente olvidados en muchas ocasiones, llegan a sucumbir a manos de individuos sobresaltados, desequilibrados o sencillamente malvados.
Sea como sea, quien sabe si algún día el orden vital y los niveles de consciencia cambian tanto que la naturaleza humana se dulcifica, adopta esa actitud de mente amable y afable con el mundo y comprende de una vez por todas que cada ser que nos rodea es un ser único, sea racional o irracional, sea pensante o no , tenga raíces o alas, tenga piernas o patas, sea blanco o negro, hable o ladre, sea mudo o las palabras sean su vehículo.
Estos días ha estado lloviendo, frio intenso y lluvia.
Ayer 15 de diciembre de 2009 , se nos quemó la clínica, un cortocircuito, por la noche. Terrible. No tenemos las palabras adecuadas ni las inadecuadas ni las oportunas ni inapropiadas. Sencillamente no tenemos respuesta a ninguna pregunta ni pregunta para alguna respuesta.
Ha sucedido. Todo quemado, destrozado. Vuelta a empezar. No
Ha quedado todo destrozado, inutilizado, consumido por ese fuego que dicen purifica si bien pensamos que en estos casos sólo destruye y arrasa.Cuando se reacciona, el dolor se queda muy adentro y comienza la respuesta “normal” de evaluar los daños e intentar reparar lo que pueda repararse. Por lo menos sabemos que no sufrieron.
Todo, absolutamente todo está inservible. La camilla, el frigorífico para las medicinas, el aire acondicionado para el verano y su asfixiante calor, cajas enteras de medicamentos, todo, negro, ennegrecido como el ánimo.
No sabemos qué pasa, qué ocurre, por qué es necesario trabajar tanto para conseguir tan poco. No sabemos por qué tanta dedicación y mientras un instante, una circunstancia, una casualidad, un simple atropello del tiempo, lo destruye.

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