La Protectora de Daimiel, parece ser, intenta “in extremis” una solución judicial o administrativa para poder liberar a casi un centenar de perros , mu
chos de ellos de caza que se encuentran hacinados y olvidados a su suerte por un individuo que posiblemente no le venga bien ni alimentarles ni tampoco darles la libertad.
No es una historia nueva. No es una historia única, ni subordinada siquiera a la esperanza de una respuest
a institucional rápida, ya hay animales muertos y posiblemente seguirán muriendo, de hambre y de sed. Mientras, con la boca grande, nuestros políticos niegan en Europa que en este país de banderillas, de artísticos estoques y "bellísimas..." estampas de maltrato animal con declaración de interés cultural incluido haya maltrato hacia los animales de caza…
Para quien se encuentra frecuentemente con ellos, con lo que les queda de piel, con sus enfermedades a cuestas, sus racimos de garrapatas, sus miradas perdidas o esos huesos en forma de costillas demacradas y sangrantes visiones no puede más que pensar que algo les debe pasar a estos políticos en sus visionarias percepciones y que en algún lugar de su ca
rrera perdieron el contacto con la realidad, con esta y con otras más.
Esta es la corta historia de Nissa, una podenca que apareció como tantos otros a las puertas del refugio y que, tiempo después, tuvo la tremenda suerte de ser adoptada en Francia . Murió en brazos de su adoptante y con la compañía de su “amigo” Val, otro podenco de muy similares orígenes.
Quizás, tuvo
esa suerte porque otros muchos, mueren solos, enfermos y ya, exhaustos de tanto agotamiento, se dejarán llevar, pegados a cualquier esquina de un día siguiente que ojalá sea el último.
La historia de Nissa pudiera ser la de Oliver, Sara, Sophie... o la de cientos y cientos de animales que nacieron y vivieron para sufrir y muchos de ellos murieron sufriendo. Así de sencillo. Sucumbiendo a un envenenamiento, a un disparo, doblegándose al terrible baile de la muerte o simplemente de hambre o de sed.
Este dolor y este recuerdo es para todos ellos, animales en su mayoría, tremendamente espléndidos con su destino , con los humanos y con otros animales, le guste a quien le guste y le disguste a quien le perturbe.
Porque quien tiene uno de estos animales como compañía sabe perfectamente el sentido de estas palabras que se acercan más a la lágrima que a la razón, más al estímulo por ayudarles que a la insistencia por evitarles.
Para algunos, puede que sea una estupidez, para otros un escalofrío que recorra el recuerdo, para otros, puede que una seca lágrima que anide para siempre en la mejilla de quien no consiguió olvidarles , para otros, ojalá una posibilidad de plantearse por qué no adoptar unos de estos animales tan encantadores.
Es posible todo. Desde esta pequeña esquina de la colaboración, sólo un permanente y cálido recuerdo para todos estos animales tan cruelmente sometidos , tan ingratamente tratados y paradójicamente, tan inocentemente confiados.
Sí, puede que sea una estupidez.
Puede...
En el recuerdo de todos ellos.
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