20 de mayo de 2010

Buscan hueco.

Hay días que nos conformaríamos con un poco de sosiego, unos minutos sin paz, sin gloria ni laureles, sin llamadas de teléfono ni palmaditas en nuestro aburrido ego, sin motivos ni objetivos. Sin nada. Un sosiego de esos de rincón silencioso para no pensar mucho más allá de ese pensamiento cotidiano que no mantiene más acritud que la de la esperanza de una vida un poco mejor.

Hay días que abofetearíamos a las circunstancias, al invisible poder de la ambigüedad semántica, a la simpleza y a esa realidad tan cruel que ya se convierte en diaria y cotidiana, en indiferente y que no da para más sentido que el de esbozar una mueca de labio ladeado entre mil muecas de cansancio y agotamiento por una realidad que nunca acaba, nunca cesa.

Una mueca de asco tan diluida que se es incapaz de atisbar si se trata de una mueca por dolor, por compasión o por verdadero asco ante tanta barbarie unida, ante tanto maltrato continuado y ante tanta impunidad.

Hay días en las que el supuesto tiempo libre dedicado a estas actividades de protección animal se convierte en una presa feroz para la rabia contenida, para la lágrima seca y para imaginar que si alguien – la historia misma- pensó y justificó que los animales tenían que sufrir por su propia subordinación al ser humano, no era por ello más justificable que por esa misma razón tengan que sufrir tantísimo. Tengan que padecer tanto antes de morir, antes de sucumbir al matarife, al mercader, al traficante o al sencillamente dueño irresponsable, bandolero de maquinaciones crueles por mera diversión o rastreador de impulsos más que mezquinos siendo siempre víctimas propiciatorias de toda esa miserable condición que tienen muchos humanos y que por el mero hecho de su condición “humana”, sea justificada y justificable en todos los sentidos.

Hemos tenido que dejar los plazos lúdicos de envío de fotos con las mascotas tan queridas para atender la realidad incuestionable y para enseñar en una mínima parte a aquellos que aún han tenido tiempo de salvarse y no quedarse estancados y muertos en cualquier rincón de un tiempo anónimo y olvidado.

La perrita, moribunda en una carretera, de cansancio, de agotamiento, de ese que padecen tantos y tantos animales. Podría llamarse de cualquier modo como el gatito, qué más da, uno más de los miles de miles de tantos ejemplos de indefensión y subordinación de las especies “inferiores” frente a la grandeza jerárquica de la especie humana, en completo desarrollo, en permanente innovación aunque eso sí, dirigiéndose hacia un mundo hambriento, desigual y repleto de desequilibrios y acompañado con una velocidad vertiginosa en cuanto a desaparición de especies, hábitats y recursos naturales. Es su mayor logro.

Le hemos puesto Marina. Y tal vez cuando se recupere, alguien se enamore de ella y le ofrezca un hueco en este mundo que a veces resulta duro de digerir y muy difícil de delimitar en el sentido más estricto de donde está lo justo y lo cruel, lo injusto y lo amable, lo afable y lo mezquino. Ellos, no comprenden nada de todas estas estupideces y disquisiciones humanas, sólo debieran saber que nadie, absolutamente nadie debería permitir que se les dejara de respetar, sólo por su propia esencia de seres vivos. Pero claro está, es demasiado complicado para nosotros entender una verdad tan sencilla. Debe ser que nuestro cerebro sólo atiende procesos más complejos.

Ambos se salvarán, el gatito, Kiyo, a disposición y para preocupación de Arca de Noé de Sevilla (isabelarcadenoe@gmail.com).

La perrita Marina, a nuestra toda disposición para intentar buscarle un nuevo lugar muy diferente al que ha tenido hasta ahora. Un padrino o un poco de paciencia.

adopciones@protectoraxativa.org

Nos conformamos con poder hablar de ellos y presentarles para que sepan de su existencia, aunque haya sido bastante miserable a fecha de hoy.

Por cierto, necesitan ayuda: Adra (Almería)

http://laperreraadopciones.blogspot.com/

Gracias por tu tiempo.De corazón.

0 Deja tu comentario.:

Publicar un comentario