Son tiernos, sus caritas son graciosas, hacen sonreír y reír, mordisquean cualquier cosa y crecen. Como cualquier ser vivo.
Provienen de cajas de cartón, de bolsas de basura, de contenedores, de patadas o de partos mugrientos e irresponsables, puede que sus orígenes sean las cuevas del extrarradio o el centro de la honestidad. Puede que hijos de padres irresponsables o padres de hermanos desconocidos, hijos de
hijos o abuelos de ningún lugar. Son los cachorros, alevines de un futuro que diariamente mata a muchos cientos y cientos de ellos, que los machaca y atraviesa con sus limitaciones, que les secciona sus caritas o les asfixia sus ganitas de vivir y si tienen un poco de suerte y no acaban sus huesos en cualquier cuneta o nada ni nadie les atraviesa sus pequeños corazoncitos, esos los que logran escapar del hambre, de la inyección letal, del bofetón cruel en el morro o de las mil y una posibilidades de dolor y crueldad imaginativa que alberga el humano, pues esos, tienen o tendrán la suerte de llamarse Klint, Desi o Carmeny, crecerán como Lorik o envejecerán como Cher, también tienen o tendrán la suerte de no acabar en ninguna Perrera municipal o pegados en el asfalto como un sello pegajoso y rojizo que no dio tiempo a franquear ni enviar a ningún lugar porque sencillamente el mensajero vino antes y se lo llevó. De un golpe, brusco, seco. Dejó su cuerpecito atravesando la calzada para que ,por unos cuantos días, alimentara los poros del alquitrán.
Es el abandono, de animales, el abandono del día a día. Ese que puede que no llegara a tener nombre pero sí, seguro que sí, tiene rostro. Miles de rostros ante miles de caras y miradas impasibles, esas humanas que envían y hasta franquean. Hay leyes. Por supuesto. Esta realidad tiene leyes.
Por eso, si tienes la suerte de tener un buen amigo de cuatro patitas, vaya que se merece le des un beso grandísimo. Le debes mucho.
adopciones@protectoraxativa.org
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