Hoy no podemos evitar sobrevolar unas miradas que posiblemente se pierdan en el limbo de cualquier noche, estas caritas encerradas en la Perrera de Hellín o en cualquier otra perrera de esta vasta geografía donde el abandono no es más que una palabra más, un término que tantas veces pierde su sentido y en tantas y tantas ocasiones no provoca más que una mueca de resignación. Tal vez esas caritas ya se hayan ido o si acaso, la noche perversa frote sus manos para terminarles el viaje lo más lentamente posible. Hoy no podemos más que poner rostro anónimo a ese acto tan cruel como es el abandono. Hoy ponemos si acaso cualquier nombre a sus caritas y hoy derramamos una pequeñísima lágrima, seca, áspera y cruda de un dolor infinito y de una dedicatoria para todos estos seres que son víctimas de nuestra propia miseria, de actos caprichosos e irresponsables decisiones sobre unas criaturas víctimas y víctimas y mil veces víctimas de nuestros actos que desgraciadamente poquísimas veces merecen reprobación o condena.
No, ya no es nuestra inteligencia, ni nuestro desarrollo, ya hay algo que se pierde en un rincón de este a veces, vergonzoso corazón que tiene el ser humano.

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