Confundimos el calor con el miedo y nos pusimos en contacto con alguien que nos dijo que habían dejado tres nuevos cachorros en una caja de cartón, nosotros mismos. Acudieron nuevos voluntarios y los padrinos asiduos, vinieron a ver a sus “niños”.
Les trajeron quesitos para dar los tratamientos, material de limpieza , correas, algunos collares y mucho cariño, esa fuerza que tiene el cariño, que hasta los que están enfermitos, parece como si revivieran, aunque fuera momentáneamente.
El calor continúa y buscamos unas cuantas soluciones para las altas temperaturas y para algunas otras cosas. La perrita husky, con esa extraña mirada, está muy temerosa, tiene miedo y se pasa las horas en su frágil casita, quien sabe si aún recuerda a aquél señor que con cierta prepotencia argumentaba las razones de por qué no podía encargarse de ella, razones más que mundanas, amenazantes y ciertamente poco comprensibles. Suponemos y esperaremos que no.
Los cachorros en acogida continúan creciendo y los honestos responsables continúan dejando animales atados en la puerta del refugio, la compasión manda, si se asfixia de calor, no pasa nada pero la compasión es lo primero. Los otros cachorros, ya no tan cachorros, continúan creciendo...ojalá no sean futuribles habitantes de un albergue.
Hay días en que se acaban las palabras porque buscar sentido a todo esto, en una sociedad tan permisiva con el abandono, llega a agotar. Con el verano, el abandono aumenta, mucho. Y la muerte rebosa y rellena miles de espacios. Carreteras, huecos de perreras, de montes, de pueblos...
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