4 de octubre de 2010

Llega el otoño...

El que no veamos muchos trozos de realidad, no quiere decir que no existan, evidentemente el don de la ubicuidad puede que esté  reservado a  los magos,  a los soñadores de nuevos planetas o los heroicos  visionarios. Pero la realidad que más nos acerca a la que vivimos en esta asociación como la que viven en otras muchas de índole similar, es cierto que desenfoca, que distorsiona, que empequeñece  cualquier intento  que hagamos por mantenernos  óptimamente esperanzados.
Hay días en que la realidad aprieta, aprieta mucho, muchísimo. Hay momentos en que la razón esa que parece ser exclusiva de la especie humana, más  que cualidad  y don se convierte en pesadísima carga, en vergonzoso sambenito o extrañísimo cartel denominador de inframundos  casi malditos  porque es incomprensible para una mente  y para muchos corazones, poder comprender la indiferencia tan absoluta, el desprecio tan enorme y el silencio tan cruel que hay  en muchos sectores    con respecto al abandono de animales domésticos y no tan domésticos.     
Hay días en que esa razón no aparece  por ningún lugar     y otros días en los que  por ningún lugar se ve algo de razón.     Desazón y   desconcierto  que se apoderan de los argumentos y las leyes  de protección animal parecen como muy alejadas del día a día,  sus artículos brillantemente redactados  sobre la defensa y protección, se visionan como algo alejado, extraño, a veces hasta desconocido por una gran mayoría.
Con la crisis, el abandono se ha hecho masivo, hay animales abandonados por todos lados, los dejan en cualquier lugar, los matan de cualquier modo, los atan hasta dejarles sin respiración o bueno, qué mas da, al fin y al cabo es un animal…es terrible lo que está sucediendo y parece que no hay solución salvo el concertar más perreras municipales que exterminen a más animales  y poco más. La sensibilización, educación y  aplicación  de la ley, queda un poco  lejos aún.  Pagamos impuestos por matar,  es terrible.  
Hay días en que el teléfono, ese teléfono que la asociación pone a disposición de cualquiera, es  más  el de la  desesperanza que el de la esperanza de que alguien pregunte por tal o cual perro o gatito en espera de adopción. 
Personas que llaman desesperadas porque no saben dónde acudir, porque se han encontrado  un perro atado en el monte, una gato  vivo colgado, una camada de recién nacidos maullando desconsoladamente en el contenedor , cuatro cachorros llenos de pulgas o con exquisitos racimos de garrapatas que cuelgan de sus orejas hasta deformarlas,  o  ya casi adultos con patas fracturadas;   raquíticos canis que realmente si se les pudieran preguntar, es posible que lo único que les gustaría sería morir.   
Estas personas, desesperadas, no comprenden nada, no comprenden por qué se les dice que no les puede atender, que el abandono es un gran problema social, un gran problema que atañe a  más de una administración y a todas las personas que irresponsablemente se hicieron cargo de un animal, por mal propósito, por capricho, por sueño de cumpleaños o porque sí, sin pensar, que las consecuencias  son una media de 10 años de responsabilidad, ya no cariño, sino responsabilidad. 
Estas personas no entienden esto, llaman a cientos de sitios  que no les ofrecen solución al drama y posiblemente al final lo dejen donde lo encontraron, lo lleven a eutanasiar para  que deje de sufrir o sencillamente tengan que  cerrar los ojos para no verlos más.  Sufren y nadie, nadie puede hacer nada por ellos.
Solo decirte que todos los días,   el sol no brilla  para todos y las estrellas no lucen siempre, bueno,  pero eso ya lo sabes. 
Todos los días, el mundo se parece  menos a un gran planeta.  
Hoy pensamos que la realidad es esta aunque tras ella, por suerte, por gran suerte, existen muchísimas personas que aún sueñan con cambiarla.
Llega el otoño, tengas un buen atardecer. 
Querido Whisky, llevas demasiado tiempo en el albergue. Buscamos un hueco especial para tí. Te lo mereces. Tu amigo Rodolfo se fue, ahora ya te va tocando a tí. 
Necesitamos mantas, quesitos y corta-uñas. Lo de siempre, ayuda. 

En fin, lo dicho,  tengas un buen atardecer.

   

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