Tal vez recuerdes a Paris, hace poco tiempo un desagradable accidente en el albergue le desencadenó una gran cantidad de contingencias y problemas que asumió de modo sorprendente quizás dando una enorme lección de valentía. Hicimos llamamientos de ayuda y muchas personas se volcaron en una especie de extraña desesperación. Unos cuantos voluntarios dedicaron muchas impagables horas para sacarla adelante y curarle las heridas. Al final, tuvieron que amputarle la pata, una pata que le había acompañado toda su vida en el Refugio. Hoy, tras operaciones, tratamientos y mucho cariño, esfuerzo y tesón, ha conseguido estar en un hogar y nos alegramos enormemente porque en esta actividad a veces tan desagradecida, donde el esfuerzo en ocasiones resulta inútil y las lágrimas ni siquiera sirven, todo el voluntariado aparece como un imprescindible engranaje solidario sea del tipo que sea y cuando dejas miles de esfuerzos en el pasado y puedes verles en su nuevo hogar, tranquilos , estables, felices, es posible que se pueda imaginar “Valió la pena luchar por ellos”. Pero no, no es posible ni imaginable, es seguro que valió la pena.Siempre vale la pena.
0 Deja tu comentario.:
Publicar un comentario