11 de abril de 2011

El abrazo de abrazos.


En realidad, nunca sabes cómo van a acabar las historias cuando estas sólo hacen que comenzar y lo que queda atrás puede que sea un episodio más de la probabilidad, de la suposición o de un mal sueño. A veces, la realidad resulta un mazazo y la evidencia otro. Hay veces sin embargo que, la ternura vuelve a hacer hincapié en lo importante que es tenerla en nuestras vidas.
Vamos a intentar contarte una historia muy sencilla y de sencilla es tierna, directa y no hay que añadirle más. 
Helena vio a Azúcar por esa red de redes y se enamoró, así, sin más. Posiblemente sintió como una especie de escalofrío y puso su corazón en marcha, aligeró peso emocional si acaso lo tenía y sin ningún tipo de pudor sobrepasó la sonrisa, el encantamiento y la ilusión.   Su madre no puso ningún obstáculo y allá que se acercaron al Refugio. Helena y Azúcar se fundieron en algo así como un achuchón gigante, un abrazo de abrazos, de esos que no se quieren soltar y quedan inconfundiblemente marcados para siempre.  
Pero había un problema. Azúcar llevaba mucho tiempo con un compañero de viaje, Sal. Buscando en los archivos, parece que los dejaron porque su dueño falleció y ahí se quedaron, enquistados en el tiempo, solapados con las prisas y los esfuerzos.     Si una adopción ya es difícil, dos cuesta pensarlo.   
Pero los voluntarios, “asustados” porque se quedaba Sal y adoptaban a Azúcar, comenzaron, una especie de intensa   guerrilla de argumentos para que se fueran los dos juntos porque desde luego el corazón asociativo no podía soportar que se separaran. Es lo que tiene verlos todos los días, conocerlos y quererlos, que al final piensas que no eres nadie para romper los círculos, aún mejor debes mejorarlos.  

Y he aquí, que Helena y su madre, entendieron perfectamente el sentido y ajustando cálculos y con una comprensión exquisita se lanzaron a una adopción doble.  
Una especie de revuelo de esos que no sabes por qué te alegran tanto que serías capaz de lanzarlo a los mil vientos dejó una extrañísima pero tremendamente acogedora emoción. Todo parecía tan fácil, tan ligero de peso y tan sencillo. La mirada de Helena cierto que tan limpia y   cristalina nos recordaba que tantas maletas y equipaje  no son buenos y las cosas a veces, son mucho más sencillas de lo que parecen.  
Nos quedamos con la promesa de que nos enviarán fotos y nos contarán cómo transcurre todo porque llevan prácticamente toda su vida en la Refugio y para ellos el cambio es radical y necesitarán un periodo de adaptación.     
Nos alegramos    mucho   cuando unos presentes se encuentran y se prometen sin palabras, luz de por vida y tú y otros como tú, consiguen atisbarla aunque sea en una milésima de instante del propio pensamiento.     
Refugio 9 de abril de 2011 

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