4 de octubre de 2011

Equipos kilométricos

Te presentamos a Nata, su  pasado  en el Refugio y su presente en Suiza. Entre unas imágenes y otras,    hay abandono, indiferencia, frio, mucho frio,  calor, alimentación, desconcierto ,    asistencia veterinaria,   mejoras y proyectos, fracasos y olvidos,   horas de ordenador,   fotografía, difusión,   teléfono, días de correos, cooperación, ayuda colectiva, padrinos de viaje, solidaridad, esfuerzo personal y grupal entre distintas asociaciones para conseguir un único objetivo: un hueco para Nata y muchos como ella.
              Por eso, cuando te enseñamos las fotografías y ya, en su lugar,   se encontró  felizmente la pieza que faltaba, las de Nata o las de Paris, Brandon u otros, ya cuando se la apartó de un final entre jaulas y poco horizonte en el mejor de los casos, cuando te enseñamos estas imágenes, piensa y siente  siempre que tras ellas hay todo un mundo de esfuerzo colectivo, de autoría anónima concreta porque fue fruto del esfuerzo colectivo, anónimo pero en absoluto impersonal.   
          No siempre todo sale bien desde luego, pero si hablamos por ellos, si argumentamos sus pesares, si valoramos su estima, si defendemos sus derechos, si nos preocupa su bienestar, hemos de buscarles el mejor de los huecos en el mejor de los lugares.
          Sabemos que lo sabes pero cuando un animal es adoptado, sea perro o ave exótica, caballo o tortuga,   hay muchas personas que cubrieron  o intentaron cubrir sus necesidades con anterioridad, que hablaron por ellos hasta conseguir dejar de hacerlo.
          Hay muchas formas de ver y de saber ver. Quizás parezca que es lo mismo pero no, nunca es igual lo que parece aparentemente tan similar.
          Nadie quiere que los animales abandonados víctimas tan víctimas coman polvo y piedras, mueran entre estiércol y basura o parpadeen temblorosos mientras alguien decididamente se acerca a quitarles la vida porque la ley  así lo escribe. Nadie o queremos pensar que  casi nadie así lo quiere.
         Por eso, cuando veas estas imágenes y otras muchas,  aunque parezcan tan iguales  a otras,   detrás de ellas, hay muchas personas   con nombre y apellidos, con vidas propias y con un acuerdo de voluntades tan sincronizado que fueron capaces de hablar por ellos hasta que consiguieron dejar de hacerlo y ese, quizás sea el momento más hermoso.  

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