Dedicado a las ideas, a los conflictos, al cariño, a la voluntad y al corazón, dedicado a los que ayudan, a la sonrisa y al recuerdo. A las pocas palabras y a las que sin saberlo dicen tanto. A lo absurdo y a lo que no tiene nombre. Dedicado a los que hicieron su historia y se llevaron un buen trozo de cariño en forma de sonrisa y para los que cuando unos se fueron, otros llegaron. Y poco a poco, haciéndose hueco en la necesidad encontraron un pequeño rincón donde estirar sus patitas y curar sus penitas sin derechos.
A lo simple, a lo sencillo, al trozo de espera y a la espera en forma de manta solidaria. A lo cercano y a lo más lejano, a lo que nunca se ve porque está demasiado cerca, al más allá junto a las estrellas donde tantas pequeñas criaturas buscan el consuelo que aquí no hallaron. Al si es posible que eso exista y a lo sencillo, a lo muy sencillo del más acá.
Al cielo, al firmamento, a los sueños, esos que nunca, nada ni nadie podrá avasallar ni pisar. A la puesta de sol y a mañana.
A lo cercano. Al trabajo desinteresado e incansable de tantas y tantas personas y al instante que todo puede destruirlo.
A lo muy entrañable en forma de sol, de corazón o en forma de sueños.
A Angelina que ya la han operado y le han surgido problemas de coagulación y que te lo contamos en la próxima entrada. A Casilda que comienza a tener apetito a muchas cosas más y venga, baja y ayúdanos que nos haces mucha falta. Y si no puedes hacerlo aquí, miles de lugares te necesitan. Venga, baja.

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