Hace apenas dos años y en un fatal accidente, perdí a mi perro Neo, un cachorro adoptado de la Protectora de Xàtiva, fue un golpe tan duro para mí que me hundí en un profundo silencio, un silencio al que no le encontré respuesta. Yo tenía una perrita de 13 años y me encantaba que no estuviera sola pero se quedó. Estábamos desconsolados.
Un día, navegando por internet le comenté a mi marido la posibilidad de adoptar un perro del Refugio. Con el dolor aún dentro dijo sí y allá que la vi, me enamoré de ella nada más verla, le habían puesto de nombre Cecilia y lo estaba pasando francamente mal en el Albergue ya que era una perrita adulta y no llegaba a adaptarse bien a las condiciones de un refugio, era pura y dura supervivencia.
Al día siguiente, mi marido fue a por ella. Era un 22 de diciembre, el día del sorteo… pero a nosotros ya nos había tocado, a todos. A ella, a su padre, su hermano, a mí, su “mamá”.
Sí, era un animal adulto y mestizo, puede que no lleve coletas ni sea un precioso cachorro pero es Nika, tal como es y la quiero como así, sin más, sin cambios ni añadidos.
Querida Nika, con todo mi corazón.
Marisol.
Noviembre 2011
Casilda, Casilda...
¿Recuerdas a Casilda? ¿La perrita Casilda? Aquella de huecos y contenedores, de frio y heridas, pues ya la ves, como una reina, pero no una reina cualquiera sino una verdadera reina entre almohadones y camitas afelpadas y calentitas, juegos y pantuflas. Sabe posar y le encantar estar calentita con un… es más que posible, “De aquí no me muevo”. Le está saliendo ya el pelaje y qué te vamos a contar...ya la ves.
Nos alegramos muchísimo que Casilda salga adelante y se recupere totalmente de sus heridas, de momento te la vamos presentando. Atenciones no le faltan y en casa de Cristina, su mami de acogida como te decimos, está como una verdadera reina.
Le agradecemos mucho la haya acogido y pueda recibir el tratamiento correctamente.
Por lo demás, muchas cosas, tal vez que llueve mucho, muchísimo y como siempre, el barrizal, el miedo y la intranquilidad en forma de vaguada, cañas, barros y temor se apoderan con inquietud de los pocos recursos existentes adueñándose incluso de la posibilidad de no dejar de pensar en una nueva inundación como la del año 2007. Si es gota fría, realmente nos deja helados.
Y la lluvia no distingue, nunca distingue.


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