21 de noviembre de 2011

En cualquier caso...

Es   triste detenerse  por un instante a ojear el mundo y muchísimas partes estén llenas de crueldad   o   extraños pagos  a la fidelidad  en forma de ignominia o dolorosísimas y agónicas muertes  premeditadas y costumbristas.  
Donde vayas, un mundo hostil y no ya para los humanos  sino por supuesto, para otros animales. Estos, en millones  de casos  con una  vida miserable  apretándoles  hasta asfixiar su propia esencia y   hundidos en la esclavitud de la  utilidad,   arrastrados a la  dependencia y sumisión más terrible o  confinados a la invisibilidad más absoluta.  
  Son  otros animales y al mundo tirano, girando tan deprisa no  le interesa planteamientos filosóficos, éticos o religiosos  o de cualquier  otra índole que les equiparen, hay problemas mucho más importantes  que con el tiempo – curiosamente-  se comprueba no lo eran tanto porque permanecen y subsisten, variando en tiempo y forma pero subsistiendo en su propia esencia.         

Cientos de artículos, de movimientos en pro de sus derechos, de reivindicaciones, protestas y declaraciones universales   han vestido el tiempo y la historia  intentando  dar forma de sensatez y respeto, de amor y compasión  hacia ellos. Y si la compasión es una emoción que consigue o tiene la extraña habilidad de ponerse en el lugar del que sufre o padece, duelen las costillas y un profundo dolor aprieta  el pecho hasta doler porque “te hace sentir lo que puede estar sufriendo el otro”,  si con el descubrimiento de las “neuronas espejo” podemos llegar  a  comprender el sufrimiento de los otros, quizás fuera necesario tener disposición a hacerlo  y utilizarlas con asiduidad para que no cayeran en la oxidación y el olvido.       
Miles de casos día a día sustentan la idea para muchas personas, que con los siglos que han pasado el animal, el irracional,   ese inferior en categoría,   ya debería tener bien asentados sus derechos y ser respetados incluso en el momento de su muerte conforme a sociedades avanzadas y maduras, equilibradas y desarrolladas.  
 No parece exista un interés especial por conseguirlo. Qué lejos de la compasión budista…  
Con el tiempo que lleva este planeta funcionando  y del recorrido  en su historia, pese a tantas investigaciones que ofrecen muchas similitudes en los campos del dolor y placer, en las emociones no tan dispares ni diferentes   entre animales humanos y no humanos, hemos de seguir creyendo que poco a poco, lenta, muy lentamente algo cambie en la manera de percibir a los animales no humanos, en su trato y  respeto.
Estamos a años luz  de que  nada justifique nada y sin embargo, su destello, sus sombras y sus secuelas dolorosamente  lumínicas  nos acompañan todos los días desde hace siglos de modo encarnizado y cruel, muy cruel.
Si la sensibilidad está embotada y la compasión suena a  debilidad, la empatía, esa emoción social  no ya de sentir sino de ponerse  en la piel  del otro no debe de haber crecido muy deprisa, en   un mundo que alcanzó la luna, investigó Marte, arrasó la totalidad de muchos  bosques para presuntamente  ayudar a su  población a sentirse más protegida en medio del desierto  y confinó a la persona a  mero individuo en un mundo lleno de claves.
En cualquier caso siempre quedan  la perplejidad,  la compasión, el optimismo y hasta la propia involución. 
 

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