Una lágrima puede llegar de improviso vestida de dolor o arropada de tristeza incluso remover tanto la alegría que llegue a inundar los alveolos pulmonares haciendo que el aire salga lentamente mientras la vista se pierde y la emoción, ingrávida, desaparece. Una lágrima puede ser muy intensa y provocar tanta desazón que resulte poco menos que imposible describirla. Una lágrima no sólo es sal y agua, puede significar mucho o nada. Todo o el mismo silencio que se escuche mientras cae al vacio o se desliza por la mejilla mientras se despide para siempre del que fue su hogar.
Una lágrima es mucho.
Hoy tenemos unos cuantas, de esas que se secan al llegar un poco más abajo de la comisura de los labios y se pierden en el fondo, en lo más hondo del corazón.
Pinko, aquél perrito optimista en los momentos difíciles y en los inviernos crudos, aquél perrito desahuciado por unos por ser un podenco torpe y patán pero adoptado por otros precisamente por serlo murió hace unos días en Holanda, su hogar. Atropellado, sin quererlo. Como cualquier otro accidente. Y se fue. Y ya no está.
Qué te vamos a contar que ya no sepas salvo las lágrimas que se arrastran cuando una cruel historia de esas que abundando a miles ha tenido con un presente feliz un amargo adiós.
Duele. Qué te vamos a decir…
Hasta siempre Pinko. De las estrellitas en el cielo, la más optimista tú.
Un grandísimo abrazo en forma de recuerdo a su adoptante Rosana.
Y cada cual, con los suyos propios…

0 Deja tu comentario.:
Publicar un comentario