12 de diciembre de 2011

De las estrellitas

Una lágrima  puede llegar de improviso  vestida de dolor o arropada de tristeza incluso remover  tanto la alegría que llegue   a inundar  los alveolos pulmonares haciendo que el aire salga lentamente mientras  la vista se pierde   y la emoción,  ingrávida, desaparece. Una lágrima puede ser muy intensa y provocar tanta desazón que resulte poco menos que imposible describirla. Una lágrima no sólo es sal y agua,  puede significar mucho o nada. Todo o el mismo silencio que se escuche mientras  cae al vacio o se desliza por la mejilla mientras se despide para siempre del que fue su hogar.
Una lágrima es mucho.
Hoy tenemos unos cuantas, de esas que se secan al llegar  un poco más abajo de la comisura de los labios y se pierden en el fondo, en lo más hondo del corazón.
Pinko, aquél perrito  optimista en los momentos difíciles y en los inviernos crudos, aquél perrito desahuciado  por unos  por ser  un podenco torpe y patán  pero adoptado por otros precisamente  por serlo murió hace unos días en Holanda, su hogar. Atropellado, sin quererlo. Como cualquier otro accidente. Y se fue. Y ya no está.
Qué te vamos a contar que ya no sepas salvo las lágrimas que se arrastran cuando una cruel  historia de esas que abundando  a miles  ha tenido  con un presente  feliz un amargo adiós.  
Duele. Qué te vamos a decir…
Hasta siempre Pinko. De las estrellitas en el  cielo, la más optimista tú.   
Un grandísimo abrazo en forma de recuerdo a  su adoptante Rosana.
Y cada cual, con los suyos propios…
   

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