Esta mañana, casi a oscuras, casi con las farolas sin poner, con el campo rozando un precioso olor a color naranja, nos hemos ido en la distancia a la jaula de Briso, del dulce Briso y le hemos abrazado, hemos apretado fuertemente su mestizaje y no nos ha importado en absoluto, le hemos cogido diciéndole fuertemente con toda nuestra preocupación que le buscaremos el mejor de los hogares. Luego a Abela, Dana, Ñoko, Rock, Tesoro y así, a todos, incluso a los que están por llegar o no consiguieron sobrevivir, no llegaron a tiempo o su irracional discurso no les dio el plazo suficiente como para continuar vivos y fueron exterminados dentro del plazo legal en alguna esquina de alguna jaula o en un centro reconocido de recogida de animales. Hemos preguntado a Cher si su senilidad ofrecería tiempo para que le encontráramos un hogar y hemos visto cómo envejecía Belén y como si de un sueño se tratara veíamos las paredes por pintar, el deterioro de algunos muros, sus grietas, sus cimientos atontados, su mortero encogido o sus puertas medio desvencijadas en un mar de necesidades y en un océano de indiferencia a veces colectiva, a veces institucional, otras sencillamente mediática.
Luego, como si de mal sueño se tratara miramos el cansancio y pudimos imaginar la cantidad de personas, de miles de personas que en otros lugares hacían exactamente igual que nosotros, que de un modo u otro hacían exactamente lo mismo y lo mismo, resultaba lo mismo. Personas que llevaban toda la vida y otras que acababan de empezar. Que escatimaban el tiempo libre rozando el agobio o enfermaban, sencillamente enfermaban, de lealtad, de esfuerzo o de cansancio. Hoy, uno de diciembre, como todos los días desde hace muchos años, continuando con el perrito y el gatito, personas de diferentes edades, ocupaciones, profesiones, circunstancias aunque con motivaciones muy parecidas, hoy abrazando a más no poder a nuestros reyes y reinas destronados hemos podido comprobar que entre líneas, entre mirada y mirada lo único que pretendían decirnos esos pequeñajos abandonados era lo patosos y latosos que pueden llegar a ser a veces algunos individuos de la especie humana que se permiten el extraño derecho de tirar por tierra el esfuerzo de muchísimas personas anónimas o formando colectivos, de arañar ese esfuerzo hasta intentar tumbarlo y desprestigiarlo en unas raras maniobras vestidas de triquiñuelas indefendibles, torpes estructuraciones de la buena fe o argumentos kamikazes en aras a debilitar y menospreciar el esfuerzo personal de muchos.
Cuando Dinkel y Dinki, aquellos perritos que dejaron atados en la puerta del albergue con una simple nota que decía “su dueño ha fallecido”, hace casi un año ya, cuando les dejaron, no teníamos un segundo para dilapidar porque para ellos su tiempo es una condición del nuestro y su dependencia, nuestra responsabilidad.
Hoy, uno de diciembre tampoco tenemos ningún segundo para dilapidar muy al contrario nos faltan minutos y en realidad habiendo abrazado tanto a nuestros reyes y reinas, a los que se fueron o no llegaron, a los carita-de-pena o invisibles de largo hocico y grandes orejas, pensamos que llevan mucha razón, muchísima razón. Que hay muchísimas personas haciendo lo mismo que nosotros y que tal vez nadie, absolutamente nadie debería desprestigiarles si acaso, a los propios individuos torpes que sucumbieron al mal paso.
El concurso de Mascoteros solidarios ha terminado. Agradecer de corazón a todas las personas que han apoyado a esta Asociación, con su voto, con su ilusión, con su preocupación, con su día a día y su semana a semana.
Felicitar a la asociación ganadora Ribercan lo haya ganado.
Y en este reparto de dosis donadas por la empresa de salud veterinaria Ceva y gestionada por Mascoteros solidarios a repartir entre la asociación ganadora, esta modesta asociación (aunque con una colectivo de personas colaboradoras, socios, padrinos, voluntarios y demás como un poco más allá del Everest y parte del firmamento) y la protectora Aprenda de Sevilla, quizás abrazándoles más fuerte que nunca, repartiendo abrazos jaula por jaula, mirada por mirada quizás, quizás, ahora, recordando a los que no se llevaron ni un solo abrazo sería cuestión de volver a repartir.
Tengas un precioso día en este día, hoy por hoy un poco extraño.

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