25 de diciembre de 2011

Palabras mágicas

Te vamos a contar una  historia, de años, de minutos y segundos aunque  condensada  en unas pocas palabras, modestas palabras sin estirpe ni tratamiento pero entrañables, porque  ya forman   parte  del  discurso  y bagaje emocional  de esta asociación. Es una historia de esas que nos encanta contar  porque no ocurren con frecuencia en un discurrir cotidiano    duro y muchas veces muy difícil pero   te podemos asegurar  que cuando sucede,  el corazón da un pequeño vuelco y brinca en un salto triple tipo ranita-estanque, late más deprisa y si esto  puede parecer una tontería   o pérdida de tiempo  pues... nos da igual.
  Son las adopciones de animales sénior,  más que adultos,  abuelitos, ancianitos, como se les quiera llamar. Animales que consiguieron superar los 9-10 años y  mientras unos murieron en el Refugio, otros sin embargo, aguantaron por aquello de la posibilidad o de la salud. La vida en un albergue es muy dura, las temperaturas son extremas y el deterioro es mucho más rápido.
Esta es la pequeña historia de Siro un perrito  cuyo origen, se perdió en la nebulosa de los recuerdos, ubicado  durante mucho tiempo, ahí estaba. Rebuscamos en   los archivos vestidos de carpetitas con  color amarillo  destemplado  y lo encontramos,  más joven eso sí. 
 Casi nadie preguntaba por él, no suelen preguntar por los animales sénior y es una pena  porque son estupendos por muchísimas razones, suelen estar equilibrados, su conducta y templada energía  es bien conocida, no suelen generar ningún tipo de problema tras su adopción, los adoptantes saben perfectamente qué es lo que adoptan  y la relación que se establece con ellos es más serena, más tranquila incluso más afable, todas las personas que adoptaron este tipo de animales perros o gatos lo saben bien.
Lo cierto  es que Amelia,    voluntaria y muchas cosas más, durante mucho tiempo,   sincronizando  su pauta personal y vital  con sus visitas al albergue, sentía un   cariño especial por Siro e Hidra, se llevaba muy bien con sus hijos y su sueño era adoptarlo.
Pero no pudo ser y  aunque sabemos que las lágrimas volverán a recorrer la  mejilla  cuando estas líneas  recuerden ese momento, lo cierto es que... vinieron unas personas que buscaban para otro abuelito humano la mejor de las compañías, esa que él  añoraba, la de salir a pasear, sentarse en los bancos del parque o del paseo  a mirar el tiempo pasar, darle de comer o en su sillón saber que estaría todos los días, por la mañana y al atardecer, que le miraría de modo entrañable y con la serenidad del atardecer del tiempo, buscarían los dos juntos, el mejor hueco para el propio espacio  que les tocó vivir.
Y ocurrió.  Vino una familia, de muchos miembros, casi al completo. Fue presentado, los trámites previos  y un paseo aquí, unas miradas allá, unas sonrisas que van y vuelven y… “Es el perro perfecto para el abuelo”.
Y se acabó. Y el momento se quedó grabado, plasmado y la emoción contenida y Siro hoy ya duerme calentito, en compañía de su nuevo amigo y habrán cenado todos juntos y la sorpresa habrá sido muy pero que muy grande. Terminará sus días dignamente, sin frio ni excesivo calor y ya está, se acabó, comienza tu nueva historia.
Nos alegramos muchísimo, por el cariño con que fue tratado  en sus paseos de sábados y en los sueños en los que tantas veces apareció, el de todos los días en el refugio  y     por la adopción, por ser el “perro perfecto”, por ser mestizo, adulto, abuelito o sénior o lo que sea    y porque puede parecer una estupidez pero como dijimos anteriormente, nos da igual.
 Nos alegramos, nos emociona y esos dos bracitos y manitas  que salen en la foto   son parte de  tus nuevos amigos así que Siro, no te asustes.     
Del sol, de las estrellas, de la distancia y la posibilidad, del devenir y el sufrimiento, del dolor y la alegría  siempre puede quedar la certeza. Sí, la certeza. Y las palabras mágicas, por ejemplo, adoptar. Siro, Luk, Hada, Ido...

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