





Si hace tiempo que no te contábamos una historia, esa de siempre, esa es hoy, esa que no cambia, esa que la vistas como la vistas, siempre suele oscilar entre el abandono y la pena, alguna que otra alegría y por qué no, la esperanza de que alguien venga del planeta de la esquina y se lleve a tanto alienígena. Han ocurrido muchas cosas y curiosamente nunca dejó de ocurrir lo inesperado o lo desagradable. El Refugio está saturado, ya no caben más perros. Esto, no es obstáculo para que el teléfono una llamada tras otra, comunique un nuevo caso, una nueva circunstancia, un chantaje emocional novedoso o un vapuleo semántico por parte de aquellos que aún piensan que el Refugio es una perrera o donde existe una obligación de atender todos los casos y un poquito más allá aún existe la creencia de que las personas que gestionan involucradas, la dinámica de la asociación y su mantenimiento, carecen de vida personal y las 24 horas de sus días son las 24 horas de la Asociación. Del vapuleo y las sorpresas, siempre está el desplazamiento en vehículo propio al lugar de los hechos y la colocación de lindo presente en forma de adulto, cachorro o enfermo en cajita, cesto o cadena bien apropiada. No, no te contábamos hace tiempo una historia pero no se ha cesado de clamar, de gritar en silencio y de enseñar los huesos o las penitas de tantos animales que parecen no tener ni un puñetero derecho. Ni un miserable derecho. ![]() |
Y es que esto parece no tener final vayas donde vayas. Es como si no hubiera un interés real en barrer el abandono y otras formas de encadenamiento al gen de la contradicción o a esa extraña neurona bipolar que por un lado construye esperanzas, genera vida aunque sea en probeta y por el otro, el contrario, el opuesto, destruye sin cesar, extingue, elimina, fulmina, arrasa, asola. Resulta inquietante. Por otro lado, no se pudo evitar continuar pensando que no, que no había disposición en este modesto espacio virtual a mostrar duras imágenes de maltrato animal aunque los archivos estuviesen rebosantes de argumentos incomprensibles para tales actos y que no, que tampoco había disposición de abandonar el proyecto de continuar sin exhibirlas.
El abandono no cesa. La indiferencia tampoco. No se sabe hasta cuándo ni hasta dónde pero entre lo finito y lo infinito, entre los infiernos y las tinieblas, entre la escasa voluntad legislativa por defender el bienestar de todos los animales y en concreto los de compañía y domésticos, siempre quedarán personas que les defiendan aunque sea tras un buen puñado de intenciones, de horas vivas, de esfuerzos suicidas o de auténticos maratones de idealismo. A veces da un poco igual el por qué. La cuestión sea cómo, dónde y cuándo porque la causa en la mayoría de los casos, ya se tiene conocimiento previo.
Por suerte, tenemos fotos, que te las enseñamos para que las veas porque queremos y nos gusta enseñártelas. Las que nos envían y las que se hacen. Las que dicen para siempre sí y esas que con el tiempo parece como si tuvieran otro color, otra forma de decir, otro modo de contar. Algunas rebosan dolor y otras rebosan una amplia y generosa sonrisa.
Por supuesto la palabra se afinará y a veces incluso tendrá que contenerse hasta extremos a veces insospechados. En fin, ya sabes, el pensamiento positivo y el semáforo en verde caminando junto a un apeadero donde puedes bajarte en el momento que quieras.
Los incondicionales sortean sus imprevistos para continuar siéndolo y nos encantan esas fiestas populares de lanzamiento de huesos de aceitunas, de tomates, de bailes y jaranas o esa del “boloembolao” porque demuestran que es totalmente posible divertirse sin necesidad de que otros sufran y mueran. Se sugiere la creación de una disciplina artística que se llame “Diversión sin sufrimiento” porque así, el arte ya no se teñiría de sangre sino de sonrisas, de carcajadas, de buen humor. Resultaría incluso muchísimo más pedagógico.
Ya en la propia vida asociativa, contarte que prosaicos a más no poder, necesitamos como invariable necesidad, lejía, medicamento “Alopurinol”, material de limpieza, una furgoneta, un cuento bonito y casas de acogida para gatitos, para Lorik, para Angelina que se va a quedar ciega y resulta extremadamente preocupante que sobreviva en el Refugio, para Ricitos, para Laika… y sí, irremediablemente que sí, que se nos encoge el corazón y sus arterias cuando día a día, dejan tres y cuatro perros atados, gatitos en cajitas y verdaderos proyectos de incomprensión. Que es barato abandonar, muy barato.
Por lo demás, seguiremos, hasta donde podamos. Desbordados, con verdaderos problemas de espacio, de ubicación, de tiempo, el muerto y el vivo, el que espera y el que se va, el ocioso y el incomprensible, el despótico y ese tan comprometido que quizás es el tiempo mejor invertido, sí, sin lugar a dudas.




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